De repente no quiero escribir relatos eróticos sobre ti. Quiero besarte de verdad y abrazarte y que me levantes la ceja cuando me miras. ¿Confirmamos crush? Confirmamos crush. Y me gustaría no sentirme una completa idiota a tu lado, se me olvida cómo hablar inglés y quiero que la tierra me trague. Quiero que me hables acerca de todo lo que te ha llevado a estar aquí. Quiero entender qué te hace especial. Para qué nos vamos a engañar, quiero invitarte al apartamento, que abramos la botella de sidra, nos emborrachemos y nos liemos durante toda la noche. Pero supongo que en su lugar volveré a tocarme pensando en ti. Llevo estos dos días preguntándome si tendré algún tipo de atractivo sexual para ti. ¿Me habrás mirado el culo en la fila del comedor?¿Te habrás fijado en que tengo los pezones duros por el frío? Yo hoy me he dado cuenta de que te va a reventar la camiseta a la altura del antebrazo y por un momento he tenido que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no comerte la boca delante de toda la gente que estaba jugando al billar. Pero tú no intentas estar conmigo; no lo evitas, pero tampoco me buscas. Y yo llevo tres días buscándote. Subo a cenar por ti, me integro por ti, mi mirada te busca entre los cien pares de ojos y cuando te encuentran nunca les devuelves la mirada. Ay. Es complicado ligar en otro idioma, teniendo a tu novio viviendo en la habitación de al lado y con una persona que no tiene el más mínimo interés en mí. Se me ha juntado todo, ya ves. Y es una mierda porque realmente me gustas muchísimo, más allá de que me pareces tremendamente atractivo (cosa harto extraña porque nunca me habían atraído los rasgos asiáticos) es que eres un puto amor de persona. Con tu media sonrisa y tus gafas y tu predisposición a hablarme en inglés, a entablar conversación. Supongo que era fácil que empezaras a gustarme dada la situación. Ahora la gran pregunta es qué hacer al respecto. Ya veremos el lunes que viene.
miércoles, 17 de noviembre de 2021
Sigurd
lunes, 15 de noviembre de 2021
Fantasías animadas noruegas
Hablais entre vosotros y no entiendo lo que decís. Sonreís y me mirais, no sé qué esperais de mí. Sigurd empieza a contar... "en, to, tre, fire, fem" y cantais solo para mí. Vuestros ojos me recorren y me sostienen la mirada mientras murmurais notas entre dientes sin dejar de sonreir. Me ruborizo. Tengo que desviar la mirada antes de empezar a hervir. Os acercais despacio y yo me alejo por instinto, pero Bendik me agarra por el brazo. No puedo escapar. Tampoco creo que quiera. Sus ojos azules me atraviesan y hacen que me derrita por dentro. Noto un dedo que me acaricia suavemente el cuello. Sigurd, con sus profundos ojos marrones y sus rasgos asiáticos mezclados con el más perfecto noruego, es un misterio para mí cómo ha llegado a Noruega porque está claro que no es de aquí, pero nunca me he atrevido a preguntarle por sus orígenes, solo me limito a admirarlo. Sin dejar de tararear una canción de jazz acerca sus labios a mi cuello y me besa suavemente. Mi coño palpita. Bendik sigue el ritmo golpeando mi brazo con sus dedos sin soltarme. Sube poco a poco su mano hasta mi pelo, enreda los dedos en mi melena, la canción ha terminado. Me acerca a sus labios. Me besa, algo torpe en un primer momento, casi con ansia, pero regulando la velocidad al poco y convirtiéndose en un beso apasionado e intenso. Sigurd agarra mi culo con delicadeza al principio pero al notar la subida de tensión en aquel beso aprieta con fuerza y me muerde el cuello. Gimo flojito, lo suficiente para que os sintais satisfechos. Bendik se aleja y sus labios con sustituidos con los de Sigurd, es curioso cómo cambia la forma de besar entre dos personas: él me besa como si fuera el ser más delicado del universo, como si fuera a romperme al roce de sus labios. Me encanta, pero necesito más. Agarro su espalda y lo acerco a mí, noto su erección, mi coño reacciona y se humedece, me gustaría fusionarme con él, convertirnos en un solo ser a base de frotarnos eternamente. Bendik se ha alejado y contempla la escena, parece estar divirtiéndose por el tono que usa al hablarle a Sigurd, pero yo sigo sin entender nada de lo que decís. Veo por el rabillo del ojo cómo se quita la camisa y los pantalones y mi emoción se dispara. Se acerca de nuevo a nosotros y nos obliga a separarnos. Cuando Sigurd lo ve en ropa interior hace lo propio y ahí estais los dos frente a mí con tan solo unos calzoncillos que no disimulan nada el empalme que teneis. Por alguna razón soy yo la que se siente más desnuda al tener aún tanta ropa y vosotros tan poca, pero vuestra mirada me dice que no va a durar mucho. Bendik se coloca frente a mí mientras Sigurd se pone detrás. Bendik me besa, esta vez con mucha más precisión que antes y de mientras me desabrocha los botones de la camisa de cuadros de franela que llevo puesta. Toda una sex-symbol, esa soy yo. Y, sin embargo, parece que de alguna manera os gusta mi naturalidad, mi falta de maquillaje, mi despreocupación por la imagen, mis pelitos en las piernas. Sigurd me agarra la cintura con fuerza y pega mi culo a su entrepierna mientras me gime al oído. Este muchacho va a matarme del gusto. Sus manos me abrazan desde atrás mientras mis brazos se apoyan en los hombros de Bendik, quien a su vez trata torpemente de hacerse un hueco entre la piel para poder acceder a la hebilla del sujetador. Sigurd recorren mi vientre subiendo hasta mi pecho. Contengo la respiración. Bendik me mira con una sonrisa pícara. "Is this okay?" me pregunta sin dejar de sonreir. "Ajá" es mi respuesta, aunque suena más como un suspiro. Desabrocha el sujetador. Sigurd tira de él y lo deja caer al suelo. Me siento expuesta, nunca había tenido tanta atención solo para mí. Hago el ademán de taparme pero Bendik me lo impide. Sigurd me desabrocha desde atrás el botón del pantalón y baja la cremallera. Me gira para estar delante de él y ambos os agachais para quitarme el vaquero. Noto vuestros besos rozándome las piernas y creo que voy a explotar de placer a medida que subís. Me siento fuerte con vosotros de rodillas a mis pies. Sigurd hunde su nariz en mi coño aún protegido por las braguitas mojadas mientras Bendik me muerde la nalga. Empiezo a temblar, me cuesta mantenerme de pie ante esta situación y ambos os dais cuenta, por lo que os levantais y entre risas y palabras sueltas en noruego me conducís hasta la cama. Me haceis tumbarme y Sigurd coge su camiseta para atármela alrededor de los ojos. Me pone cachonda el olor que impregna la prenda de ropa. Mi mundo se oscurece pero el resto de mis sentidos se agudizan. Puedo escuchar vuestras respiraciones entrecortadas, vuestras risas entre dientes, noto vuestro calor cerca de mí aunque no puedo diferenciarlos. Unos labios me rozan el pezón que ya estaba duro como una piedra. Una lengua me recorre el empeine y yo me retuerzo de placer. Los labios me besan el pecho y me muerden el pezón derecho con dulzura. Una punzada de placer se me refleja en el clítoris, ayudada por la boca que me lame los dedos de los pies. Mi espalda se eleva y siento que no puedo más. Unas manos se elevan por mis piernas suavemente hasta llegar a mis braguitas. Las agarran. Tiran de ellas. El no poder ver su reacción me hace tener un poco menos de vergüenza, pero aún así la expectación me mata. Después de unos segundos que parecen una eternidad noto cómo un aliento se acerca poco a poco a mi pubis. Mi pelvis se acerca a él incontrolablemente, pero eso le hace detenerse. Debo ser paciente, mucho me temo. El aliento vuelve a acercarse y empieza a mezclarse con mi humedad. Una tímida lengua separa mis labios y se adentra poco a poco en mi coño. Tengo la sensación de que voy a reventar de un momento a otro. Unas manos me acarician y me besan el vientre y el pecho, no puedo dejar de gemir. Un dedo entra en mí a la vez que noto la presión de un beso húmedo y apasionado. Así que es Sigurd el que está abajo y Bendik arriba. La imagen me excita aún más pudiendo imaginarme quién está haciendo qué. Palpo con una mano la superficie del colchón hasta encontrarme con una rodilla, apuesto a que es la de Bendik. Recorro el muslo a base de caricias hasta llegar al calzoncillo. Se le escapa un gemido y hunde su cara en mi cuello. Es adorable. Tanteo el terreno con mi mano y escucho sus reacciones, tiene una erección tremenda. De repente una ola de placer me inunda y es que Sigurd se ha dado cuenta de que no le estoy prestando toda la atención que debería y ha decidido pasar al siguiente nivel. Sus dedos de saxofonista me follan y su lengua no deja mi clítoris. No puedo más. Bendik se incorpora sabiendo lo que pasa y yo necesito veros. Me quito la camiseta y veo cómo Sigurd me mira disfrutar mientras me lame el coño. Bendik me contempla fascinado, pareciera que es la primera vez que ve a una persona a punto de correrse. Me muerde un pezón y me pellizca el otro y es lo único que me faltaba. Un abismal orgasmo me inunda, el tiempo se para y en el universo parece que solo existimos nosotros tres, no tengo voz para todo lo que quiero gemir, no tengo palabras para todo lo que quiero deciros. Los espasmos se amontonan, las manos se me duermen y no puedo dejar de sonreir. Pasan varios segundos en los que solo soy capaz de sentir el placer más absoluto. Poco a poco las contracciones se van espaciando y mi respiración vuelve a su estado natural. Sigurd saca con todo el cuidado posible los dedos de mi entrepierna, aunque me retuerzo brevemente por lo sensible que está todo, y se tumba a un lado. Bendik al otro. Ambos me mirais y a mí me entra la risa floja. Supongo que es el momento de devolveros el favor.
Me recompongo durante unos instantes y me siento en la cama. La vergüenza se ha esfumado. Os miro. Vuestra belleza me embarga. Me mirais. Ojalá poder meterme en vuestras mentes con google translate para saber qué se os pasa por la cabeza a estas alturas. "What now?" os pregunto, aunque sé perfectamente que está en mi mano decidir qué pasará a continuación. Intercambiais miradas. "Now we do whatever you want". El tono lascivo que usa Sigurd vuelve a encender una chispa en mi interior. Debe ser todo un récord poner a alguien caliente tan rápido después de semejante orgasmo. Me acerco a vosotros de nuevo a cuatro patas y os hago incorporaros para que todos estemos a la misma altura. Nos fundimos en un mar de lenguas y saliva, de labios y sonrisas a tres. Las manos entran de nuevo en la batalla y empiezan a intentar ganar terreno en los cuerpos de los demás. Me sobra la poca ropa que aún llevais y lo sabeis. Como si pudiéramos leer los pensamientos del otro Bendik se separa y se baja los calzoncillos y aunque mis labios no se han separado de los de Sigurd no puedo dejar de mirar su figura joven y atlética, con brazos y muslos prominentes propios de un buen batería. Se tumba en la cama y nos invita a acercarnos. Aceptamos la invitación. Sigurd se quita también su ropa interior y por fin puedo verlo en todo su esplendor: más delgado y fibroso que Bendik pero igual de atractivo. Bendik tira de nuestros brazos y nos caemos encima de él. Reímos. Besa a Sigurd mientras me agarra fuertemente el culo. La visión me pone cachondísima, tanto que no puedo evitar empezar a frotarme el clítoris con los dedos. Bendik se da cuenta y toma el relevo cogiéndome por los muslos y haciéndome sentarme encima de su cara. Sigurd se acerca y me da un beso que bien podría ser capaz de parar el tiempo. Toco su pecho, pellizco sus pezones (gime) y bajo la mano hasta encontrar su pene duro cual roca. Empiezo a rozar suavemente todo el miembro intentando seguir la cadencia con la que Bendik me hace el cunnilingus, aunque sé que esta vez es él el que quiere más.
jueves, 8 de abril de 2021
I'll love you for a thousand more
A veces me pregunto cómo puede vivir la gente con esta sensación continua de quedarse sin tiempo. Este crear recuerdos sin ser consciente de que se están yendo a medida que los vives. Soy una romántica en el sentido más literario de la palabra. Me duele el alma todo el tiempo. Ella está al borde de la muerte y yo no hago más que pensar en mí, en cómo sobrevivir a ello, cómo no destrozarme por el camino y sin embargo me hago daño visitando ese momento de mi vida en el que todo era terrible y a la vez maravilloso, ¿qué coño me pasa? La música me duele, las fotos me duelen, el universo me duele y ni siquiera tengo un método para que se vaya durante un rato. Ahora me hago fotos y no me reconozco en ellas, soy demasiado mayor, tengo demasiada papada, el pelo está demasiado corto, la nariz sigue demasiado grande. ¿En qué momento ha empezado a escapárseme la vida entre los dedos para no darme cuenta de que hace diez años de que todo empezó? Más de diez años. Me duele todo.
jueves, 31 de diciembre de 2020
Feliz año nuevo
Sé que esta pelea no va a acabar con nosotros, que no va a ser el fin. Lo sé. Pero, sin embargo, me pregunto cuántas peleas quedan para el final, para que sea la gota que colma el vaso. Me hallo sintiéndome tremendamente egoísta por pensar que merezco algo mejor que lo que tú puedes ofrecerme, por una vez creo que soy yo la que podría aspirar a más y no al revés. Esta vez no lo he hecho todo mal. Me hallo pensándole una vez más, volviendo a él que nunca debió irse, al que en estos momentos, como siempre, siento que pertenezco. Y me pregunto en qué momento empezaste a creer que no estabas por debajo de él, cuándo conseguí engañarte para que pensaras que estamos hechos el uno para el otro. Pero él, con todos sus defectos, sus problemas, sus mierdas y sus gafas rotas siempre estará por encima de ti. Quizás en un futuro conozca a alguien que finalmente lo supere, pero tú no eres ese alguien. Después de tres años sé que no lo eres. Y bueno, no pasa nada, estamos bien, nos lo pasamos bien... pero no es suficiente. Llegará el día en que no sea suficiente y no sea capaz de aguantar más a tu familia, a tu concepto de familia y tu amor se hará cada vez más insoportable y no querré ir al sexólogo por ti. ¿Cuántas decepciones nos quedan?¿Cuántas peleas faltan para que el vaso se colme?
sábado, 15 de agosto de 2020
Is this depression?
Estoy descubriendo que cuando escribo aquí es cuando realmente todo va muy mal. Cuando estoy tan echa polvo que no quiero dar pena o que este o aquel me lean, solo quiero contarme a mí misma lo triste que estoy. El problema es que ni siquiera estoy triste. Bueno, sí lo estoy, pero estoy tan acostumbrada a vivir con ello que se ha vuelto casi inherente a mi persona. Tengo ganas de llorar en continuo. Tengo ganas de pegarle a la pared. Quiero fumarme un porro a ver si dejo de sentir durante un par de horas. No sé por qué ahora, si es la falta de plan, de motivación, de estímulo. Ya ni estar con Sebas o con Miguel consigue evadirme. Quiero preguntarle a Miguel si él sigue estando con ella o con otra, quiero hablarle desesperadamente, quiero volver a quererle. Sé que es también en parte culpa del flujo de hormonas, que la semana que viene me baja la regla y están adelantando camino, pero aun así hacía ya bastante tiempo que no me sentía tan mal durante tanto tiempo seguido. El verano es una mierda pero resulta que después el otoño también lo es. Incluso el invierno. Si no me diera tanto miedo morir diría que querría hacerlo para dejar de sentirme tan asquerosa. Tener que fingir se me hace muy cuesta arriba y cada día que pasa me cuesta más levantarme. Me duele todo y no me duele nada. Lo siento todo y no siento nada. No puedo seguir viviendo así.
domingo, 17 de febrero de 2019
48 horas
sábado, 22 de diciembre de 2018
Not so important
No me hablas. No me escribes. Estás a diez minutos de mi casa y no nos vamos a ver hasta la hora de la cena porque tú no tienes que disculparte más y yo no me siento a gusto con tu presencia. ¿Tan mal lo hago?¿Tan poco te he dado para que al primer desliz pienses que no te importo? Un desliz que ni siquiera existió. Tergiversaste mis palabras y no puedo evitar caer en la tentación de pensar que hay un miedo subyacente a todo esto. Que no confías en mí. Que realmente nunca lo has hecho pero no tenías que preocuparte porque me pasaba el 80% del tiempo contigo. ¿Cómo pretendes que me sienta al respecto? Ni siquiera estaba borracha, ni siquiera tú estabas borracho como para justificar que se te fue de las manos y me destrozaste por el camino. Ahora intento encontrar los pedazos de autoestima que tanto tiempo me ha costado tener, intento no sentirme como si fuera una mierda porque, después de todo, no ha cambiado nada. Uno carente de confianza más para la lista. Y después se preguntarán por qué estoy harta de las relaciones monógamas. Odio esta oleada de celos innecesarios. Esta vida de desconfianza. Esta relación de medias verdades.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Óleo sobre tiempo
Pero esta vez no puedo dejar que vaya a más, no puedo dejar que el miedo se apodere de mí. Él pretende ser mi apoyo, mi fuerza, el hombro sobre el que llorar y quizás si fueran otras las circunstancias habría sido suficiente. Pero no puedo depender de él únicamente para ser feliz, no es justo que él cargue con lo que me corresponde. Necesito irme de aquí. No tengo nada a lo que aferrarme en esta ciudad, nada me frena y dudo que vaya a echar de menos a alguno más allá de la comodidad de saber que podría quedar con ellos cualquier día si lo propusiera. Pero para ellos no soy nada, no existo, soy prescindible, y el hecho de poder asumirlo no quita que me duela o que pueda superarlo. Nunca he sido de superar las cosas fácilmente.
Ahora tengo hambre y necesidad de huir. De dejar de esperar. De descubrir y conquistar y poder pensar en la posibilidad de conocer gente nueva para la que de verdad signifique algo, no ser una más. Ser el Miguel del grupo por una vez. Notar que importan mis decisiones, que esperan algo de mí y poder ser yo la que elija si me merece la pena o no estar con ellos. Necesito amigos nuevos. Necesito una vida nueva.
sábado, 11 de agosto de 2018
Y los sueños...
lunes, 25 de junio de 2018
Socorro
jueves, 24 de mayo de 2018
No creo que sea una cuestión de demostraciones de afecto porque he superado con creces mi nivel de cariño en público y no ha cambiado nada. Tampoco creo que, a estas alturas, sea una cuestión de tiempo porque ya he esperado mucho a un cambio que nunca llegó. Me niego a pensar que nosotros somos los culpables porque lo que sea que siento por ti es demasiado intenso como para que sea otra cosa, pero no lo identifico y eso me duele y me desconcierta.
En fin. No es nada que no se me pase cuando te beso. Casi todo se me pasa cuando te beso.
viernes, 18 de mayo de 2018
Should I stay or should I go?
Y, de repente, me haces estas cositas. Me hieres donde menos me esperaba que alguien me pudiera hacer daño, en las cosas que doy por sentado, en los pilares de mi vida. Porque sé que, si te digo que pasemos una tarde juntos, me vas a preguntar que adónde vamos, e igual yo solo quiero estar tirada en el sofá viendo series. Estarían mis padres, qué locura. O quizás podría preguntarte si puedo quedarme en tu casa a dormir. Qué locura.
Quiero aguantar, de verdad que sí, quiero ser paciente, ¿pero no crees que lo he sido ya suficiente? Estoy cansada de esperar a que todo se normalice, estoy cansada de tu circunstancia, y un poco de ti. ¿Me compensan los buenos momentos cuando siempre está de fondo el murmullo constante que me susurra que algo no va bien?
viernes, 4 de mayo de 2018
¿Qué hacer sola en un fin de semana?
Pero no.
Como siempre, se me jodió el plan, se me jodió la noche y ahora no sé qué demonios hacer con mi vida. No se me da bien estar sola. No me sienta bien estarlo. Y estoy aquí, a las once de la noche sola en mi casa. Porque ibas a estar tú conmigo, ibas a hacerme compañía e íbamos a hacer cosas. Pero tus malditos 37'7 grados decidieron que no, que no me iban a dejar ser feliz. ¿Y qué iba a hacer yo?, pues lo que cualquier persona con un mínimo de sentido común haría: decirte que te fueras a tu casa, que estarías mejor allí. Pero no pensé, ni por un solo instante, que fueras a hacerlo de verdad. Incluso cuando te pusiste los vaqueros pensé que finalmente no te irías y hasta hiciste el amago de quedarte. Pero te has ido. Te has ido y me he pasado quince minutos llorando por nada. Porque me siento sola y necesito que estés tú. No sé qué ver en la tele, todo me parece monótono. No quiero irme a dormir, ni siquiera tengo sueño. Así que escribo de nuevo sobre lo triste que estoy, sobre el coraje que me ha dado que te fueras y el coraje que me da que me dé coraje porque no debería. Estás malo. Y yo me siento sola.
miércoles, 18 de abril de 2018
Ok
A veces me pregunto si estoy contigo por algo más allá del sexo y el transporte. Me lo paso bien contigo, por supuesto. Tenemos cosas en común, claro, y puedo hacer contigo cosas que con otros no puedo por una cuestión de pura confianza y/o dinero. Pero no eres especial. He intentado que lo seas, dios o quién sea sabe que lo he intentado, he puesto todo mi esfuerzo en enamorarme de ti y quererte con todas mis fuerzas, pero solo he conseguido una sensación de dependencia asquerosa y cierto cariño.
Estás enfadado porque crees que yo estoy enfadada. No entiendes que me estoy muriendo por dentro por no verte, pero que no quiero tener que soportar el dolor de tener que volver a decirte adiós cuando podría no tener que hacerlo. Estoy harta de esto. Estoy harta de ti y de que no entiendas nada. Me dices "ok" y a mí se me cae el mundo a los pies. Lo único que te pido es que lo intentes. Que me sigas el juego durante cinco minutos, habría sido suficiente. Pero no lo has hecho. Y yo solo siento vacío, ni siquiera puedo llorar. ¿Acaso me merece la pena?¿Acaso quiero verte a ti o es a lo que representas? Mi salvación, mi anestésico, mi caja de la nada.
No eres el elegido. No eres mi futuro. Eres una anécdota que contaré dentro de unos años, porque no vamos a ser amigos para siempre. Fue tan triste la ilusión y confianza con la que lo dijiste y yo solo podía pensar en que no era verdad. Ninguno de nosotros vamos a ser amigos después de acabar la carrera, no tenemos tanta confianza, si no somos tan amigos a estas alturas no lo vamos a ser nunca. Y no lo somos. Quizás algún día bajes del guindo y te des cuenta de eso o quizás te pase como a mí y quieras negarlo cuando ocurra. Espero que sea lo primero. Pero tú y yo, cuando todo esto acabe, no vamos a seguir de chupi pandi, y es lógico. El problema entonces reside en cuándo acabará. Porque empiezo a estar saturada. Los seis meses, me comentan. Una decepción tras otra. No quedar, no playa, no cine, no viajes, no nada. Ni siquiera una quedada normal y corriente. Me dices de ir a dar un paseo, al cine, a algún lado, y yo solo quiero sentarme a tu lado y ver películas y series. Crear una rutina o algo que me incite a seguir contigo, pero tengo la sensación de que solo me doy chocazos contra una pared. Que ya no tenemos nada que contarnos. Ya se acabaron las sorpresas y empiezan las tonterías de las repeticiones y la costumbre y el cariño y el sexo porque si estamos solos, hay que acostarse. Estoy un poco harta de ti.
Feria... feria... feria de abril
martes, 10 de abril de 2018
Las relaciones familiares nunca fueron fáciles
martes, 13 de febrero de 2018
Sick
lunes, 12 de febrero de 2018
Metáforas
Oh, cuánto dramatismo, cuánta parafernalia, cuánta frase extremista.
Eres mi amigo por encima de todo, ¿no?
No va a cambiar nada, ¿verdad?
¿Verdad?
jueves, 25 de enero de 2018
For the first time
No voy a entrar en temas tan banales como el sexo o la capacidad para tener orgasmos o mierdas de esas. Ahí no hay nada de sustancia. Está bien, sí, lo reconozco, el sexo contigo es maravilloso, pero hoy no quiero hablar de eso. De hecho no creo que vaya a escribir nunca muy exhaustivamente sobre ello, al menos por aquí.
Has sido el primero con el que estoy bien desde hace más de medio año. Has sido la primera persona con la que no tengo ganas de llorar a todas horas. Contigo me siento a gusto. Tan a gusto que no tengo claro qué hacer ahora, más allá del hecho del viaje y todo lo que ello pueda conllevar. Para empezar, ni siquiera pensé que el viaje llegaría a efectuarse, era todo demasiado precipitado y aquí estoy, escribiendo gilipolleces cuando debería estar planeando todos los días y la maleta y subiéndome por las paredes. Pero, por primera vez, eso tampoco me agobia demasiado. No me importa qué vayamos a hacer, ni siquiera me molesta que aún no hayamos comprado los billetes de autobús y que igual nos quedemos en el aeropuerto toda la santa noche. No me importa. No me importa estar que no puedo con mi alma, pensar que igual al segundo día no puedo levantarme de la cama, que quizás prácticamente no duerma en esa semana. El frío que vamos a pasar. La lluvia. Quizás la nieve. Me da igual. En el buen sentido, porque solo quiero estar contigo. Quiero que me enseñes Bruselas y Ámsterdam, quiero hartarme de fumar y de beber sidra y de comer queso y ya veremos qué hacemos con los monumentos, porque solo quiero estar contigo.
viernes, 12 de enero de 2018
Come here
Ahora, que nos pasamos medio día sin hablarnos y nos subimos por las paredes y echamos humo como si de una locomotora nos tratásemos, ¿qué va a pasar cuando no queramos ni vernos las caras?, porque en el fondo ahora mismo quiero verte, quiero arreglarlo aunque sea demasiado orgullosa como para admitir lo estúpida que estoy siendo, pero cuando queramos vernos y no podamos decirnos de verdad lo que sentimos o cuando directamente no queramos ni hablarnos, ¿qué pasará? Porque aún nos quedan dos años y medio de sentarnos juntos, de trabajos de mierda, de quedadas de chupitos (o al menos eso espero) y con un poco de suerte tenemos planes de aquí a verano pero me aterra, por un lado, la posibilidad de que todo se chafe en mitad de todos los susodichos planes y no podamos mirarnos a los ojos sin odiarnos o pasarlo mal y, por otro, que nos convirtamos en una lista de planes que cumplir. Que solo sigamos juntos por miedo a romper la rutina. ¿Qué rutina? Pues la que tarde o temprano vamos a terminar creando, que no es malo, pero me da miedo que, precisamente, tengamos miedo a acabar con ello llegado el momento. No lo sé. No sé por qué me planteo estas cosas ahora cuando ni siquiera hay una relación formal que romper. Me has leído y no me has respondido y yo tengo tantas ganas de verte que creo que me voy a morir de necesidad. Agh. Qué mala es la obsesión.