viernes, 12 de enero de 2018

Come here

¿Qué será de nosotros cuando todo esto acabe?

Ahora, que nos pasamos medio día sin hablarnos y nos subimos por las paredes y echamos humo como si de una locomotora nos tratásemos, ¿qué va a pasar cuando no queramos ni vernos las caras?, porque en el fondo ahora mismo quiero verte, quiero arreglarlo aunque sea demasiado orgullosa como para admitir lo estúpida que estoy siendo, pero cuando queramos vernos y no podamos decirnos de verdad lo que sentimos o cuando directamente no queramos ni hablarnos, ¿qué pasará? Porque aún nos quedan dos años y medio de sentarnos juntos, de trabajos de mierda, de quedadas de chupitos (o al menos eso espero) y con un poco de suerte tenemos planes de aquí a verano pero me aterra, por un lado, la posibilidad de que todo se chafe en mitad de todos los susodichos planes y no podamos mirarnos a los ojos sin odiarnos o pasarlo mal y, por otro, que nos convirtamos en una lista de planes que cumplir. Que solo sigamos juntos por miedo a romper la rutina. ¿Qué rutina? Pues la que tarde o temprano vamos a terminar creando, que no es malo, pero me da miedo que, precisamente, tengamos miedo a acabar con ello llegado el momento. No lo sé. No sé por qué me planteo estas cosas ahora cuando ni siquiera hay una relación formal que romper. Me has leído y no me has respondido y yo tengo tantas ganas de verte que creo que me voy a morir de necesidad. Agh. Qué mala es la obsesión.

jueves, 11 de enero de 2018

Enfados y demás parafernalia

Es gracioso esto de leerme después de un tiempo: parece todo desastroso, triste, patético. La inmensa mayoría de las veces que escribo me siento así. Y es que soy un desastre, de eso no hay ninguna duda.

Me enfadé.

¿Te das cuenta de lo irracional que es el motivo de tu enfado? No, qué, pero si yo soy lo más racional de este maldito mundo. Me he enfadado, hostias. Me he enfadado porque necesito tu atención, porque necesito que quieras estar conmigo cuando yo quiera que estés conmigo (y si no quiero, pues te fastidias), porque me siento terriblemente sola a todas horas, porque contigo no tengo tantísimas ganas de llorar en continuo.

Y tú no lo entiendes, tú qué vas a entender si lo que menos te gusta de mí es que piense tanto las cosas. No te enfades por esta tontería. No, gracias. No voy a enfadarme por temas trascendentales de la leche cuya solución necesita de una tesis y varios debates. Me enfadaré por lo que se enfada todo el mundo.

Se me pasará, no te preocupes. No se me da bien estar enfadada. Pero quería tanto que me siguieras la corriente y que vinieras. Y no sentirme sola. Por encima de todo no quiero sentirme sola entre tantísima gente. Pero ahora haces que lo recuerde a él y que me sienta terriblemente mal. Y que quiera hablarle y le suplique por su amor de nuevo porque no estás tú para ocupar mis pensamientos. Bueno, no está tu versión buena de ti. Y cuando las cosas no son perfectas tiendo a volver la vista atrás porque oh, toda vida pasada fue mejor.

No es culpa tuya, por supuesto. Esto viene de muy atrás, no eres el primero que no entiende nada cuando todo debería estar bien pero, paradójicamente, no lo está. Me gusta liarla, supongo. Siempre me gustó llevar las cosas al límite, a ver quién aguantaba más. Aún no has visto nada. Probablemente no te deje verlo, no voy a ser tan cruel como para hacerte pasar por todo esto más de lo estrictamente necesario. Así que nos veremos mañana para el examen, ¿no?

lunes, 8 de enero de 2018

Amor y muchos otros desastres

Te miro. Insistentemente. Quizás así puedas averiguar qué pienso. Pero tú sólo me miras de vuelta y sonríes. Sonrío. Todo acabó de nuevo. Una vuelta de tuerca más a este barullo de pensamientos que me atormentan. Porque por primera vez desde que todo esto empezó siento la necesidad de algo más. De ir un paso más allá, por muy innecesario que sea. Quiero que tu hermano hable de nosotros como novios y no pensar "no, no somos novios". Quiero una fecha que celebrar. Quiero poner tu nombre dentro de un corazón y que sea justificable ese nivel de moñería (no, seamos realistas, esto no quiero hacerlo). Quiero tener la posibilidad de cogerte de la mano cuando quedemos con los demás y no sentirme culpable por meter la idea equivocada en la cabeza del resto del mundo.

Pero no quiero hacerte daño, por encima de todo no quiero hacerte daño. Podría pedirte salir y estoy casi segura de que me dirías que sí, y probablemente no cambiara gran cosa. Pero tengo que explicarte los términos y condiciones, ¿podrías aceptarlos tan rápidamente entonces?

Porque no te voy a prometer amor eterno, no puedes contar con una vida juntos, no te puedo prometer fidelidad ciega, esta vez no. Y esto no es algo malo, no quiere decir que te quisiera menos o que me faltara algo, pero soy consciente de lo que estoy pasando y solo contigo consigo estar bien. Hemos avanzado poco a poco en esta relación aparentemente sin futuro y hay demasiados planes a largo plazo como para plantearme que pueda no funcionar. Porque es obvio que hay muchas cosas en las que no vamos a estar de acuerdo nunca, pero creo que hacemos buena pareja. Que nos lo pasamos bien juntos. Que, por ahora, no nos aburrimos pese a hacer planes en su mayoría terriblemente aburridos.

Hay muchos pros y muchos contras en juego, aún no tengo claro en qué lado terminará el peso de la balanza y está claro que, si sientes la misma necesidad que yo, lo disimulas muy bien así que dudo que vayas a hacer nada por cambiar la situación, y créeme que lo entiendo después de la tesitura en la que te he puesto con mis charlas conspiparanoicas sobre las nuevas teorías del amor y las relaciones. Así que, no sé, quizás un día de estos me arme de valor y te pida salir. O no.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Enter

Sería bonito pensar que podríamos ser felices juntos.

Sería bonito fingir que no tengo un pasado catastrófico a mis espaldas.

Sería bonito pretender que ese pasado no me afecta.


Pero la vida no es así. O eso creo. Para mí no lo es. No me gusta regodearme en el pasado, no me gusta llorar por quienes ya no me recuerdan, pero no soy capaz de controlarlo. No se me da bien hacer limpieza, y si tengo que cambiar todas las cosas de mi cartera volveré a guardarlo todo, hasta los vales de 5€ caducados, hasta los tickets ilegibles, hasta mi amor por ti. Porque tus malos pelos y tus ojos azules siguen en una rendija en la que no he tenido fuerzas para poner nada más. Ahora mi nueva cartera ya está imbuida por tu espíritu, como todo lo que hay a mi alrededor.

Ojalá que seas feliz, de verdad que sí. Ojalá que nunca vuelvas a necesitarme para ser feliz. No le desearía esta sensación a nadie, esta impotencia que me abruma cada vez que pasa algo mínimamente importante y no soy capaz de abrir tu conversación para contártelo. Me dijiste que te hablara, que te contara las cosas y yo lo he intentado. He intentado contarte que me he cortado el pelo, que me voy a Bruselas, que me gusta lo que estoy haciendo con mi vida, pero en lugar de eso solo puedo llorar como una magdalena y pensar en lo mucho que te echo de menos. Y entonces no te lo digo porque no quiero crear una situación incómoda más, no quiero que te sientas culpable de mis lágrimas, no quiero que me odies porque aún te quiera. Porque han pasado demasiado meses como para que sea normal que siga así, y en cierto modo no es algo que me ocurra de manera constante, pero han cancelado una fiesta a la que tenía muchas ganas de ir esta noche y llevo toda la mañana sola y he tenido que cambiar las cosas de la cartera y me cuesta escribir del tembleque que tengo y yo qué sé.

domingo, 10 de diciembre de 2017

So in love

Ahora me descubro pensándote en las situaciones más inverosímiles. Planeando viajes contigo. Planeando (de verdad) viajes. De esos con fecha señalada en el calendario. Haciéndote regalos con excusas tontas y que me ocupan más tiempo del que deberían. Después hablamos y nos preguntamos si alguna vez nos hemos enamorado.

¿Alguna vez?¿Qué entendemos por enamorarnos?

Te miro y la felicidad más espontánea me inunda. ¿Es eso estar enamorado? O quizás es la tristeza de no encontrarme a tu lado, quizás eso es amor. Tú dijiste que estabas enamorado de mí. Que era lo mismo que quererme. ¿Qué sientes por mí, entonces? Igual así puedo ponerle nombre a lo que siento. Quizás estar enamorado es querer olerte a todas horas. Quizás es no estar triste por culpa de otras personas, porque tú estas por encima. No lo sé. Después de tantos años de sentimientos (probablemente demasiado) intensos, ahora llegas tú y me confundes. Llego yo con mis nuevas teorías del amor y no soy capaz de ponerle nombre a lo que siento por ti. ¿Es eso bueno o terrible?

Solo sé que no quiero estar sola y que contigo no lo estoy.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Tale as old as time

Te quedaste a dormir. Yo estaba que no cabía en mí de felicidad. De agradable sorpresa. Y cuál fue mi sorpresa (no tan agradable) cuando me di cuenta de que no estaba funcionando. Que nos movíamos y hacíamos ruido. Que no estábamos cómodos juntos. Que no éramos capaces de dormir. Llegó la mañana y resultó que tu madre te obligaba a volverte. No sé si puedo aguantar esto. No sé si quiero poder hacerlo. Me gustas muchísimo, pero tú eres tú y tu circunstancia, y no tengo claro que esta última me guste tanto. Si yo sé que es complicado, pero no sé si quiero complicarme tanto la vida a estas alturas del partido como para que me quite el sueño lo que tu madre pueda pensar de mí. No lo sé. Yo solo quería ver la Bella y la Bestia.

jueves, 30 de noviembre de 2017

bnmnjkjknhbk kn

Me siento terriblemente mal.

Ni siquiera sé por qué, sólo sé que no quiero estar aquí.

Que se me cierran los ojos y no tengo claro si quiero despertar.

El calor de la estufa al contacto con mis pies es lo único que me reconforta un poco.

Tengo mucho frío.

No tengo hambre. Mi madre querrá que coma.

Y yo solo quiero dormir y evadirme un poco de esta tristeza que me asola.

Quizás sea cierto después de todo, quizás solo pueda estar contenta a su lado.

No debería tener que soportar esa carga.

martes, 28 de noviembre de 2017

Not a coffee

Después de toda esa cascada de emociones que ha surgido esta tarde, ahora me siento como si estuviera vacía. O como si una bola invisible se estuviera haciendo más y más grande y cuando explote el mundo deberá prepararse para mi cólera. Sí, es probable que sea algo más parecido a esto segundo, pero por ahora voy a autoengañarme un poco y pensar que después de tanta rabia y tantas lágrimas ya no hay nada más. Porque él no quiere volver conmigo. Ni le hizo falta pensárselo, lo tenía claro como el agua. Y yo solo pensaba en besarle. En abrazarle. En sentir su puñetero calor. En estar en la cama a su lado y oírlo roncar. No ha cambiado tanto, después de todo. Porque sus bromas siguen siendo las mismas. Su forma de responder es igual. Ni siquiera ha cambiado su tic. Y yo no hacía más que llorar y reír a la vez y así no hay quien mantenga una conversación adulta. Me duelen los nudillos de arañarme. Me duelen los ojos de llorar. Me duele la cabeza de pensar. Me duele el corazón... supongo que de tener tanto sentimientos contradictorios dentro. No le he contado lo de Sebas, no sé si Nefestifre le contaría algo pero no me sentí con fuerzas. Quería hacerlo, joder, quería ponerlo celoso y que pareciera que lo había superado porque, hostias, estoy enrollada con otro chaval. Pero resulta que me importa lo que piense de mí. Me importa que pueda pensar que, precisamente por creer que lo he superado, no quiera volver conmigo, y está claro que igualmente no quiere volver.

Estaba muy guapo.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Just a coffee

Esto es una mierda.

En realidad no.

Es una putada. Para ti. Para mí. Para todos a nuestro alrededor.

Nunca me he considerado posesiva, nunca he sucumbido a mis celos, nunca he pensado que debía ser el centro del mundo para alguien. Quería serlo, por supuesto, pero fui capaz de racionalizarlo y no lo exterioricé demasiado. Ahora me encuentro este vaivén de felicidad y tristeza a partes iguales, sintiéndome incómoda en mi propia casa y sin poder hacer nada para evitarlo. Intentando parecer impersonal con él pero sin que me salga demasiado bien. Puede que se me note demasiado que necesito verlo. Pero luego estoy contigo y se me pasa todo, y todo mi universo eres tú, no necesito nada más. No deberías tener esa responsabilidad, no deberías ser la causa de mi felicidad.

No quiero verlo mañana. Pero sí quiero. Pero me voy a sentir tan mal que me asusta. Y no voy a poder verte después para que me consueles, y de todas formas ese no es tu trabajo, no puedo refugiarme bajo tu abrigo cada vez que tenga ganas de llorar por culpa de otro chico. No es justo.

No sé si estas cosas te molestan. Me asusta demasiado preguntarte. Te hice daño cuando ayer te dije que besé a Miguel. Sabes que sigo sintiendo algo por Julio, ¿eso te molesta? No quiero hacerte daño pero no puedo mentirte. Para variar, supongo que le estoy dando demasiadas vueltas. Y sin embargo tiene ese punto morboso al que no puedo evitar aferrarme. Esa duda sobre si creerás que él es más importante que tú para mí. Esa posibilidad de que estés celoso por mi culpa. Sí, definitivamente soy una persona horrible.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Hype

Mamá se empeña en preguntar. No se da cuenta de que me hace daño su necesidad de información, no es consciente de lo mal que me hace sentir cuando me pone en la tesitura de si debo mentirle o no. Y debo hacerlo porque admitir que yo fui quién le habló a él sería volver muchos pasos atrás. Entonces me encuentro preguntándome cómo podría vestirme para conquistarle de nuevo, cuando sé perfectamente que esas tácticas nunca funcionaron con él. Y después Sebas se sorprenderá de que quiera estar todo el santo día con él, pero cuando me alejo me sumo en este pozo de miseria y remordimientos y necesidad de su amor. De sus palabras. De sus abrazos. Creo que quizás lo necesite de verdad, eso de quedar de nuevo con él. No hemos llegado al punto en el que me da mucho miedo preguntarle si está disponible, solo dejo claro que no quiero ser una molestia. Él no es Jesús. Y quién sabe, a lo mejor me ayuda a ser una persona nueva y evolucionada que se ha dado cuenta de que esa farsa de relación que pretendo querer volver a tener no puede llevar a ninguna parte. Para empezar, supongo que sería prudente esperar a ver si finalmente quedamos o ni siquiera se digna a volver a hablarme.

martes, 21 de noviembre de 2017

Vivo ergo sufro

Faltan dos días para mi cumpleaños y es muy triste que me sienta así de mal conmigo misma.

En este caso tengo tremendamente claro que es, en cierto modo al menos, culpa de mis malditos sueños. Porque, claro, ¿cómo iba a plantearme dejar de soñar con el resto del mundo? Estaba bien, de verdad, no necesitaba volver a martirizarme viéndolos a los dos: uno ignorándome y el otro sonriéndome. No sé qué me ha sentado peor. Son solo sueños, ¿por qué entonces me duele tanto el pecho cuando lo recuerdo, por qué se me pone la carne de gallina? Necesito un respiro.

Me dices que no piense, me dices que lo deje pasar. No me conoces de nada, no entiendes cómo me he sentido... cómo me han hecho sentir. No sabes lo crueles que han sido conmigo, cómo ese chico con el que he soñado hoy me dejó tirada alegando que no me quería cuando no era cierto, solo por un error. Éramos muy jóvenes, todo sea dicho, pero sigue doliendo. Él fue la primera capa. Y no ha sido la última. Y me encierro en mi mundo de tristeza y soledad pero a la vez necesito compartir mi sufrimiento para no ahogarme en la tristeza. Ahí estás tú. No lo entiendes. No entiendes nada. No entiendes que puedas parecerme lo mejor que podía ocurrirme ahora mismo. No entiendes que me sienta mal por saber que eres mejor que ellos. Que eres mejor que yo. Porque tú, con tu filosofía patatera de empanarte por las esquinas, manejas las emociones infinitamente mejor que yo.

Voy a terminar haciéndote daño y jamás voy a poder perdonármelo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Día D

Y pasó.

Y yo comparo.

Y me rallo. Vaya si me rallo. O rayo. Aún no lo tengo muy claro.

Pasó por insistencia, porque no podíamos salir de esa fría casa y que tú aún fueras virgen. ¿Que si me arrepiento? No. ¿Que si lo habría pospuesto? Pues quizás.

Todo me recordaba a esos momentos previos a un examen. Quieres que pasen las cosas y a la vez no quieres que llegue el momento de la verdad.

Caótico, frío, incluso un tanto decepcionante. Y, de repente, todo funcionó. No tengo muy claro el porqué, no tengo muy claro el cómo pero el caso es que de repente fue todo (casi) como la seda.

Aun así hay algo que me crispa, que no me termina de encajar, y no consigo averiguar qué es. Quizás los treinta segundos. Quizás tu negativa a darme cariño después. Quizás los tres intentos previos.

Probablemente el hecho de que no consigo dejar de pensar que fuimos allí para eso, no que eso surgió como consecuencia de haber ido. Te vestiste y me diste un abrazo. Te pusiste a fregar y yo solo quería seguir abrazada a ti desnuda en el sofá. Tengo la estúpida sensación de que lo nuestro fue coger las peores versiones del sexo espontáneo y el anticipado y juntarlas. La presión del anticipamiento, la frialdad de la rapidez.

Sé que es una tontería, como todo lo que escribo en este maldito blog, y quiero volver a hacerlo, una y mil veces más, pero quiero disfrutar yo también y quiero que entiendas que para mí el sexo no es solo sexo, que ahora has creado un vínculo más intenso entre nosotros y probablemente no seas consciente de ello, pero para mí esto es muy importante, tengo la impresión de que más que para ti.

domingo, 19 de noviembre de 2017

¿Día D?

Va a hacer una semana que escribí la última entrada. Esa entrada en la que reitero que me dijiste que me querías. Has vuelto a hacerlo, bien lo sabrás tú, pero hoy no quiero hablar de sentimientos, al menos no de ese tipo de sentimientos. El lunes pasado, en uno de esos momentos en los que la tensión pudo cortarse con un cuchillo por la necesidad de tus palabras, te dije que lo que sentías era lujuria. Tú no me quitaste la razón. Tampoco me la diste. Llevamos una semana entera alargando lo inevitable cuando no estoy segura de querer que ocurra. O sea, está claro que quiero que ocurra, lo que no sé es si quiero que ocurra ya. Nos conocemos desde hace ya cierto tiempo, pero realmente no nos hemos conocido hasta hace poco más de un mes. Todo está pasando demasiado rápido. Después llega el momento de la verdad y me cuesta contener los gemidos, pero no quiero arrepentirme de lo que pase entre nosotros y, sobre todo, no quiero que tú te arrepientas. Hay tantas cosas que podrían salir mal. Tantos momentos que podrían ser incómodos. Y después dices que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que deje de pensar pero, agh, se han pifiado tantos momentos en mi vida que no quiero que me pase contigo, contigo no, contigo no quiero cagarla, necesito que algo me salga bien por una vez en mi maldita vida.

Veremos qué pasa mañana.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Nothing more than feelings

Y... ... ... ... ... lo dijiste.

Probablemente en parte por presión, porque sabías que yo estaba deseando que lo dijeras. Y lo dijiste. "Te quiero... es lo que estaba pensando antes". Y puede que ahora te quiera más que antes. Puede que, ahora que ya está todo el principio dicho, pueda decirte por una vez qué siento realmente... aunque ni yo lo tengo demasiado claro.

Vayamos por partes:
- Hay cierta atracción física, eso está más que claro, aunque sigo sin determinar el punto en el cuál empecé a verte así. No eres mi tipo, seamos realistas. Eres demasiado alto, tienes el pelo demasiado corto y no te gustan los calzoncillos largos y anchos. Pero me gusta mirarte, me gusta tu cuerpo (es suavito) y, bueno, me gusta cómo hueles.
- Me lo paso muy bien contigo. O sea, no quiero que esto se infravalore, me lo paso bien contigo a niveles estratosféricos. Y no hace falta que estemos haciendo algo en concreto. Me puedes proponer tirarme en el coche contigo y está claro que te voy a poner cara de asco, pero en realidad me parece un plan maravilloso.
- Tenemos cosas en común, cosas muy importantes en común, de las que ninguno nos hartamos, y yo no puedo dejar de imaginarnos en Escocia compartiendo piso y eso sí que me parece un puto planazo.
- También hay cosas en las que no estamos de acuerdo, y vaya si es importante esta parte. Sería tan aburrido darse la razón continuamente, argumentar con los mismos argumentos, saber siempre las salidas del otro.

Y ahora me paro a leer todo lo que he escrito y... simplemente no es lo mismo. No es lo mismo que siento. No es esa ansia irrefrenable por comerte a besos, no es ese "vámonos" en mitad de la clase porque, simplemente, quiero prestarte atención a ti y no al profesor, no es ese bienestar que siento cuando estamos en el coche, esa inmensa paz que me transmites, no es ese escalofrío que recorre mi espalda cuando me rozas, no es esa vergüenza cuando me dices algo bonito. Simplemente, no lo es. Porque, joder, siempre me he expresado mejor por escrito, pero hay ciertas cosas que, supongo, no se pueden expresar más que en sonrisas, suspiros, miradas y demás moñería innecesaria.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Problemas, problemas...

Sigues sin decirlo y a mí sigue sin importarme, pero está empezando a generarme un problema: yo quiero decírtelo en continuo y no quiero crear más situaciones incómodas. Hemos llegado a este punto en el que no tenemos demasiado de qué hablar pero tampoco importa mucho, los silencios no son incómodos. Entonces te miro y un tsunami de sensaciones inunda mi cuerpo. Sonrío por no llorar de alegría. Pienso en todo lo que podríamos hacer juntos. Pienso en ti y en mí en Escocia, paseando bajo la lluvia y te juro que no puedo imaginar cómo podría ser más feliz. El estómago me hace cosas raras y noto un hueco que no es molesto en mi interior. Me miras y me dices que la cabeza me está echando humo. Qué tontería, ni que yo le diera vueltas a las cosas. Pero estoy tan bien contigo y tan triste sin ti que quiero exprimir cada segundo que tengamos juntos, por compensar.

Sé que algún día te vas a hartar de mí y quiero estar preparada para cuando ese día llegue, pero no me sale demasiado bien. Ahora mismo, lo creas o no, soy toda tuya. No dobles sentidos, no ironías. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y yo me dejaría. La comodidad es cómoda, supongo, y ha llegado demasiado rápido y es que, joder, hueles tan bien que jamás podría resistirme a nada.

jueves, 9 de noviembre de 2017

La zona de confort

Te dije que te quería. No me respondiste. No me importó. Y he aquí el quiz de la cuestión.

No te lo dije esperando una respuesta, sólo tenía la necesidad de decírtelo, y me daba exactamente igual lo que hicieras al respecto. Te quiero. Y no me importa decirlo porque es la puñetera verdad. Te quiero por hacerme sentir bien, por hacerme salir de mi círculo vicioso de amor no correspondido, por darme una oportunidad y no irte cuando todo parecía desmoronarse.

Por, básicamente, ser mi zona de confort.

Y es que esto puede sonar a tontería, pero todos debemos tener una zona de confort. Para algunos es su cuarto, para otros el lugar donde hagan deporte, para otros la calle. Pero yo, en estos últimos meses, no era capaz de encontrar la mía. Mi casa se convirtió en un lugar plagado de recuerdos centrados en mi cuarto, me siento mal solo de estar aquí. Estar con mis amigos era ver mi pasado en el presente, me lo paso bien con ellos pero no puedo encontrar prácticamente nada en común con ellos, solo nos une el mero paso por el mismo instituto y el cariño incondicional que ello suscita.

Y, de pronto, apareciste tú. Y me escuchaste. E intentaste entenderme. Y me seguiste el rollo cuando eso era lo único que necesitaba. Y, de pronto, me sentí tan a gusto contigo a mi lado que todo lo demás me dio igual. Es peligroso, lo sé, puedo hacerte mucho daño y no quiero hacerlo, puedo echarlo todo a perder y me encontraría al borde de la desesperación. Pero no quiero parar lo que sea que esté pasando, no quiero arriesgarme a que todo pueda acabar aunque sea tan tonta como para sentirme fatal por el hecho de echarte de menos, porque me asusta que puedas querer más y yo no esté preparada... o al revés.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Sexual healing

No debería molestarme lo que pasó. Es culpa mía, que me vine arriba. No es culpa tuya, que te dije desde el primer momento que no quería nada. Pero no pude evitarlo. Me molestó. Me dolió. Me hiciste sentir un objeto y nada más, me hiciste sentir que sólo me querías para perder la virginidad en algún momento más o menos cercano y ya está. Hiciste que me sintiera como si fuera a ser la primera, la práctica, con la que jugar un rato y liarla sin que te juzguen.

Y ahora estoy muy contenta y quiero transmitirte mi alegría. Quiero chocarla contigo porque, joder, puedo pedirme la erasmus. Pero no me siento con fuerzas para ello. Me preguntaste si quería hablar y quizás quiera hablar, pero no sé qué decirte sin quedar mal porque voy a parecer bipolar (de nuevo). Además, sé que no lo sientes así, sé que no estás enamorado de mí pero tampoco me quieres sólo como un objeto sexual. Pero soy una persona tremendamente insegura, quizás te hayas dado un poco de cuenta, y me muero pensando estas cosas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La felicidad nunca me inspiró

Me duele la barriga como tantos años atrás. Me duele la barriga y sé que es por lo mismo, aunque quizás esta vez esté algo acrecentado por la ingesta poco moderada de alcohol de anoche. Me he tenido que tomar una pastilla porque estoy que no puedo con mi cuerpo, pero no me arrepiento de nada.

Y ahora me molesta un poquito menos tener que ir a la facultad por la mañana porque tú me recoges. Estoy contenta. Tremendamente contenta. No sé cuánto va a durar porque... en fin, porque soy yo, pero estoy contenta y feliz y no me importa tener que madrugar tantos días seguidos porque te voy a ver y me voy a reír contigo y voy a chincharte y a ponerte caliente.

No sé. Quizás lo sea, después de todo. No lo sé. No quiero preocuparme por eso. Quiero seguir poniéndole canciones y dormirme en su coche y planear viajes y querer ver Stranger Things pero está claro que al final no.

lunes, 30 de octubre de 2017

Mátenme

¿Está mal lo que estamos haciendo?


No parece que precisamente estés sufriendo y yo me lo estoy pasando tan bien que tengo miedo de que acabe. Quiero que me toques, que me roces, que me beses y notes cómo se me abren los poros de la piel. Quiero que tomes la iniciativa por una vez y pueda ser consciente de cuánto me deseas. Porque sé que me deseas pero no lo sé lo suficiente como para tener claro cuáles son los límites. Y a mí solo me hace falta hacerte un dibujo o ponerme frente a ti y desnudarme, a ver si así captas la indirecta. Y esto es una tortura que disfruto, porque me duele que te vayas pero veo necesario que no estemos siempre juntos. Y quiero tocarme pensando que eres tú el que lo hace, aunque sé perfectamente que vas a ser un pésimo amante, al menos al principio. Y no me importa, de verdad que no. Quiero enseñarte, quiero que aprendas, y quiero que lo hagas conmigo. Quiero que nos sentemos y hablemos antes de actuar, quiero que conozcas mi cuerpo y quiero conocer el tuyo. Ojalá que te gusten mis pies. Ojalá que te gusten mis tetas. Ojalá que te guste el lunar de mi barriga, ese que tanto trauma me creó. Ojalá que me demuestres que te gusto tanto en persona como en las fotos. Ojalá que uf en directo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Derechos y deberes

No quiero ir a clase. No quiero moverme de aquí. No quiero ducharme. No quiero comer. No quiero hacer absolutamente nada.

Debería decirte que Fun se ha convertido en tu grupo, te guste o no. Salvo We Are Young y Out of the Town, esas ya estaban cogidas. El resto soy tuyas, todas tuyas.

Debería decirte que ayer volví andando a mi casa y hasta me gustó el paseo, aunque terminara con los pies destrozados.

Debería decirte que llevo toda la mañana buscando excusas para tener el wasap abierto con tu conversación ahí, para que veas que estoy continuamente en línea y te dé palo no hablarme, pero no me hablas.

Debería decirte que no quiero estar así, que esta lucha me agota, que no puedo más.

Debería haberte advertido de todo esto, pero aunque intenté decírtelo de forma sutil, no fuiste capaz de entenderme... o no quisiste entenderme.

Debería dejar de escuchar a Fun y a Manel y a Owl City y a todo el spotify, básicamente.

¿Por qué no me entiendes?¿Tan complicado es?¿Tan mal me explico?

Tengo frío. No sé qué me voy a poner para ir a clase. No sé si ir a intentar llamar tu atención (de nuevo) o intentar parecer un saco de patatas para, precisamente, no llamar tu atención. Creo que me voy a decantar por lo segundo, estoy cansada de intentar provocar una reacción en tu persona. Estoy cansada de ti. De mí. De la vida en general. De escribir gilipolleces que no te voy a enseñar porque no tengo ningún derecho a ello, porque tú no quieres leerlo, porque estoy hasta el coño de todo, joder.