lunes, 17 de enero de 2022

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 Ya no sé si es el frío. Las horas de luz. El aislamiento. Echarte de menos. No sé qué es lo que está haciendo que me sienta así. No te puedo escribir y me pregunto qué pasará el 19 de febrero, el siguiente gran evento en nuestro calendario: tu cumpleaños. Después de las navidades y de las lágrimas y de aquella conversación y del regalo me pregunto qué prefieres. Porque tengo la extraña sensación de que preferirías que no te dijera nada para evitarte el compromiso de tener que responderme. Y bueno, sería lógico después de todo. Pero me aferro a mis recuerdos y a tus gafas y a tus rizos en un intento desesperado de sentir que aún nos pertenecemos, que diez años son muchos años y que conformarme con tomar una cerveza no es suficiente. Pero sé que eso sí es lo que tú quieres, o al menos lo que querrás cuando decidas dejar de fingir que no existo y que plantearme viajar de nuevo contigo o ver siquiera a tus padres una vez más se sale de lo que quieres ofrecerme esta vez. Y me tiene que bajar la regla y no veo el sol desde hace una semana y hoy te echo de menos. Más que de costumbre. Pero me meto mis palabras por donde me quepan y mi dolor seguirá siendo mío mientras me haces salir del Evoland 2 para jugar al Monster Hunter cuando solo me queda un logro para conseguir el 100%. Oh, qué bien me ha venido tener una distracción en forma de videojuego pero eso, todos lo sabemos, no es una solución permanente. No, no creo que te felicite. Por primera vez en diez años no creo que lo haga. Has cambiado. Y eso está bien, aunque se haya llevado nuestra relación por delante. Suele pasarme.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Not prom

 Es maravilloso cómo funcionan las hormonas en este tipo de situaciones. Cómo pasamos en cuestión de minutos de sentir un cariño tontorrón al odio más profundo. Bueno, tampoco es que te odie, pero no estás precisamente en el top tres de mis personas favoritas ahora mismo. Y no pasa nada, la verdad, porque este estúpido y pequeño descalabro me ha hecho, una vez más, darme cuenta de lo que tengo justo delante. Y no, él no es exótico como tú ni toca el saxofón pero con él puedo ser yo misma en un mundo en el que me es muy difícil expresarme. Él me busca y yo me dejo buscar porque ahora mismo no doy más de mí pero es que tampoco hace falta mucho más. Sí, era probablemente lo que necesitaba para dejarme de tonterías. Pero aun así joder, era lo último que le faltaba a mi pobre autoestima. En fin, espero que esta chica te diga que sí, sea quien sea.

Prom

 Dijiste que sí. Sure, we can go together. Y después de toda una mañana planteando estrategias, si en las mesas, si invitarte a jugar al billar, si esta noche después del concierto, después de un té silencioso y una conversación intranscendente me dijiste que sí. Y me siento como una adolescente encariñada de nuevo pero con la sabiduría suficiente como para tener el valor de pedírtelo. He esperado demasiado durante muchos años y nunca he sido de esas personas a las que las invitan a salir. Tampoco me importa mucho, así puedo elegir y no tener que enfrentarme a tener que decir que no. Y tú no has dicho que no, has dicho que sí y el pecho me va a explotar. Poder tocarte, poder tenerte realmente cerca aunque sea a unos niveles de ridículo apabullantes. No creo que en ningún caso supere la cara que debí de poner cuando me dijiste que sí. Y es una mierda porque tú eres un crío y yo voy camino de convertirme en una señora mayor y tú eres noruego y no levantas la voz y yo tengo que hacer esfuerzos por no decir fuck en cada frase y qué tendrán los músicos, que siempre me han gustado y aquí hay demasiados. La gran pregunta ahora es ¿con o sin sujetador?

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Sigurd

 De repente no quiero escribir relatos eróticos sobre ti. Quiero besarte de verdad y abrazarte y que me levantes la ceja cuando me miras. ¿Confirmamos crush? Confirmamos crush. Y me gustaría no sentirme una completa idiota a tu lado, se me olvida cómo hablar inglés y quiero que la tierra me trague. Quiero que me hables acerca de todo lo que te ha llevado a estar aquí. Quiero entender qué te hace especial. Para qué nos vamos a engañar, quiero invitarte al apartamento, que abramos la botella de sidra, nos emborrachemos y nos liemos durante toda la noche. Pero supongo que en su lugar volveré a tocarme pensando en ti. Llevo estos dos días preguntándome si tendré algún tipo de atractivo sexual para ti. ¿Me habrás mirado el culo en la fila del comedor?¿Te habrás fijado en que tengo los pezones duros por el frío? Yo hoy me he dado cuenta de que te va a reventar la camiseta a la altura del antebrazo y por un momento he tenido que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no comerte la boca delante de toda la gente que estaba jugando al billar. Pero tú no intentas estar conmigo; no lo evitas, pero tampoco me buscas. Y yo llevo tres días buscándote. Subo a cenar por ti, me integro por ti, mi mirada te busca entre los cien pares de ojos y cuando te encuentran nunca les devuelves la mirada. Ay. Es complicado ligar en otro idioma, teniendo a tu novio viviendo en la habitación de al lado y con una persona que no tiene el más mínimo interés en mí. Se me ha juntado todo, ya ves. Y es una mierda porque realmente me gustas muchísimo, más allá de que me pareces tremendamente atractivo (cosa harto extraña porque nunca me habían atraído los rasgos asiáticos) es que eres un puto amor de persona. Con tu media sonrisa y tus gafas y tu predisposición a hablarme en inglés, a entablar conversación. Supongo que era fácil que empezaras a gustarme dada la situación. Ahora la gran pregunta es qué hacer al respecto. Ya veremos el lunes que viene.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Fantasías animadas noruegas

 Hablais entre vosotros y no entiendo lo que decís. Sonreís y me mirais, no sé qué esperais de mí. Sigurd empieza a contar... "en, to, tre, fire, fem" y cantais solo para mí. Vuestros ojos me recorren y me sostienen la mirada mientras murmurais notas entre dientes sin dejar de sonreir. Me ruborizo. Tengo que desviar la mirada antes de empezar a hervir. Os acercais despacio y yo me alejo por instinto, pero Bendik me agarra por el brazo. No puedo escapar. Tampoco creo que quiera. Sus ojos azules me atraviesan y hacen que me derrita por dentro. Noto un dedo que me acaricia suavemente el cuello. Sigurd, con sus profundos ojos marrones y sus rasgos asiáticos mezclados con el más perfecto noruego, es un misterio para mí cómo ha llegado a Noruega porque está claro que no es de aquí, pero nunca me he atrevido a preguntarle por sus orígenes, solo me limito a admirarlo. Sin dejar de tararear una canción de jazz acerca sus labios a mi cuello y me besa suavemente. Mi coño palpita. Bendik sigue el ritmo golpeando mi brazo con sus dedos sin soltarme. Sube poco a poco su mano hasta mi pelo, enreda los dedos en mi melena, la canción ha terminado. Me acerca a sus labios. Me besa, algo torpe en un primer momento, casi con ansia, pero regulando la velocidad al poco y convirtiéndose en un beso apasionado e intenso. Sigurd agarra mi culo con delicadeza al principio pero al notar la subida de tensión en aquel beso aprieta con fuerza y me muerde el cuello. Gimo flojito, lo suficiente para que os sintais satisfechos. Bendik se aleja y sus labios con sustituidos con los de Sigurd, es curioso cómo cambia la forma de besar entre dos personas: él me besa como si fuera el ser más delicado del universo, como si fuera a romperme al roce de sus labios. Me encanta, pero necesito más. Agarro su espalda y lo acerco a mí, noto su erección, mi coño reacciona y se humedece, me gustaría fusionarme con él, convertirnos en un solo ser a base de frotarnos eternamente. Bendik se ha alejado y contempla la escena, parece estar divirtiéndose por el tono que usa al hablarle a Sigurd, pero yo sigo sin entender nada de lo que decís. Veo por el rabillo del ojo cómo se quita la camisa y los pantalones y mi emoción se dispara. Se acerca de nuevo a nosotros y nos obliga a separarnos. Cuando Sigurd lo ve en ropa interior hace lo propio y ahí estais los dos frente a mí con tan solo unos calzoncillos que no disimulan nada el empalme que teneis. Por alguna razón soy yo la que se siente más desnuda al tener aún tanta ropa y vosotros tan poca, pero vuestra mirada me dice que no va a durar mucho. Bendik se coloca frente a mí mientras Sigurd se pone detrás. Bendik me besa, esta vez con mucha más precisión que antes y de mientras me desabrocha los botones de la camisa de cuadros de franela que llevo puesta. Toda una sex-symbol, esa soy yo. Y, sin embargo, parece que de alguna manera os gusta mi naturalidad, mi falta de maquillaje, mi despreocupación por la imagen, mis pelitos en las piernas. Sigurd me agarra la cintura con fuerza y pega mi culo a su entrepierna mientras me gime al oído. Este muchacho va a matarme del gusto. Sus manos me abrazan desde atrás mientras mis brazos se apoyan en los hombros de Bendik, quien a su vez trata torpemente de hacerse un hueco entre la piel para poder acceder a la hebilla del sujetador. Sigurd recorren mi vientre subiendo hasta mi pecho. Contengo la respiración. Bendik me mira con una sonrisa pícara. "Is this okay?" me pregunta sin dejar de sonreir. "Ajá" es mi respuesta, aunque suena más como un suspiro. Desabrocha el sujetador. Sigurd tira de él y lo deja caer al suelo. Me siento expuesta, nunca había tenido tanta atención solo para mí. Hago el ademán de taparme pero Bendik me lo impide. Sigurd me desabrocha desde atrás el botón del pantalón y baja la cremallera. Me gira para estar delante de él y ambos os agachais para quitarme el vaquero. Noto vuestros besos rozándome las piernas y creo que voy a explotar de placer a medida que subís. Me siento fuerte con vosotros de rodillas a mis pies. Sigurd hunde su nariz en mi coño aún protegido por las braguitas mojadas mientras Bendik me muerde la nalga. Empiezo a temblar, me cuesta mantenerme de pie ante esta situación y ambos os dais cuenta, por lo que os levantais y entre risas y palabras sueltas en noruego me conducís hasta la cama. Me haceis tumbarme y Sigurd coge su camiseta para atármela alrededor de los ojos. Me pone cachonda el olor que impregna la prenda de ropa. Mi mundo se oscurece pero el resto de mis sentidos se agudizan. Puedo escuchar vuestras respiraciones entrecortadas, vuestras risas entre dientes, noto vuestro calor cerca de mí aunque no puedo diferenciarlos. Unos labios me rozan el pezón que ya estaba duro como una piedra. Una lengua me recorre el empeine y yo me retuerzo de placer. Los labios me besan el pecho y me muerden el pezón derecho con dulzura. Una punzada de placer se me refleja en el clítoris, ayudada por la boca que me lame los dedos de los pies. Mi espalda se eleva y siento que no puedo más. Unas manos se elevan por mis piernas suavemente hasta llegar a mis braguitas. Las agarran. Tiran de ellas. El no poder ver su reacción me hace tener un poco menos de vergüenza, pero aún así la expectación me mata. Después de unos segundos que parecen una eternidad noto cómo un aliento se acerca poco a poco a mi pubis. Mi pelvis se acerca a él incontrolablemente, pero eso le hace detenerse. Debo ser paciente, mucho me temo. El aliento vuelve a acercarse y empieza a mezclarse con mi humedad. Una tímida lengua separa mis labios y se adentra poco a poco en mi coño. Tengo la sensación de que voy a reventar de un momento a otro. Unas manos me acarician y me besan el vientre y el pecho, no puedo dejar de gemir. Un dedo entra en mí a la vez que noto la presión de un beso húmedo y apasionado. Así que es Sigurd el que está abajo y Bendik arriba. La imagen me excita aún más pudiendo imaginarme quién está haciendo qué. Palpo con una mano la superficie del colchón hasta encontrarme con una rodilla, apuesto a que es la de Bendik. Recorro el muslo a base de caricias hasta llegar al calzoncillo. Se le escapa un gemido y hunde su cara en mi cuello. Es adorable. Tanteo el terreno con mi mano y escucho sus reacciones, tiene una erección tremenda. De repente una ola de placer me inunda y es que Sigurd se ha dado cuenta de que no le estoy prestando toda la atención que debería y ha decidido pasar al siguiente nivel. Sus dedos de saxofonista me follan y su lengua no deja mi clítoris. No puedo más. Bendik se incorpora sabiendo lo que pasa y yo necesito veros. Me quito la camiseta y veo cómo Sigurd me mira disfrutar mientras me lame el coño. Bendik me contempla fascinado, pareciera que es la primera vez que ve a una persona a punto de correrse. Me muerde un pezón y me pellizca el otro y es lo único que me faltaba. Un abismal orgasmo me inunda, el tiempo se para y en el universo parece que solo existimos nosotros tres, no tengo voz para todo lo que quiero gemir, no tengo palabras para todo lo que quiero deciros. Los espasmos se amontonan, las manos se me duermen y no puedo dejar de sonreir. Pasan varios segundos en los que solo soy capaz de sentir el placer más absoluto. Poco a poco las contracciones se van espaciando y mi respiración vuelve a su estado natural. Sigurd saca con todo el cuidado posible los dedos de mi entrepierna, aunque me retuerzo brevemente por lo sensible que está todo, y se tumba a un lado. Bendik al otro. Ambos me mirais y a mí me entra la risa floja. Supongo que es el momento de devolveros el favor.


Me recompongo durante unos instantes y me siento en la cama. La vergüenza se ha esfumado. Os miro. Vuestra belleza me embarga. Me mirais. Ojalá poder meterme en vuestras mentes con google translate para saber qué se os pasa por la cabeza a estas alturas. "What now?" os pregunto, aunque sé perfectamente que está en mi mano decidir qué pasará a continuación. Intercambiais miradas. "Now we do whatever you want". El tono lascivo que usa Sigurd vuelve a encender una chispa en mi interior. Debe ser todo un récord poner a alguien caliente tan rápido después de semejante orgasmo. Me acerco a vosotros de nuevo a cuatro patas y os hago incorporaros para que todos estemos a la misma altura. Nos fundimos en un mar de lenguas y saliva, de labios y sonrisas a tres. Las manos entran de nuevo en la batalla y empiezan a intentar ganar terreno en los cuerpos de los demás. Me sobra la poca ropa que aún llevais y lo sabeis. Como si pudiéramos leer los pensamientos del otro Bendik se separa y se baja los calzoncillos y aunque mis labios no se han separado de los de Sigurd no puedo dejar de mirar su figura joven y atlética, con brazos y muslos prominentes propios de un buen batería. Se tumba en la cama y nos invita a acercarnos. Aceptamos la invitación. Sigurd se quita también su ropa interior y por fin puedo verlo en todo su esplendor: más delgado y fibroso que Bendik pero igual de atractivo. Bendik tira de nuestros brazos y nos caemos encima de él. Reímos. Besa a Sigurd mientras me agarra fuertemente el culo. La visión me pone cachondísima, tanto que no puedo evitar empezar a frotarme el clítoris con los dedos. Bendik se da cuenta y toma el relevo cogiéndome por los muslos y haciéndome sentarme encima de su cara. Sigurd se acerca y me da un beso que bien podría ser capaz de parar el tiempo. Toco su pecho, pellizco sus pezones (gime) y bajo la mano hasta encontrar su pene duro cual roca. Empiezo a rozar suavemente todo el miembro intentando seguir la cadencia con la que Bendik me hace el cunnilingus, aunque sé que esta vez es él el que quiere más.

jueves, 8 de abril de 2021

I'll love you for a thousand more

 A veces me pregunto cómo puede vivir la gente con esta sensación continua de quedarse sin tiempo. Este crear recuerdos sin ser consciente de que se están yendo a medida que los vives. Soy una romántica en el sentido más literario de la palabra. Me duele el alma todo el tiempo. Ella está al borde de la muerte y yo no hago más que pensar en mí, en cómo sobrevivir a ello, cómo no destrozarme por el camino y sin embargo me hago daño visitando ese momento de mi vida en el que todo era terrible y a la vez maravilloso, ¿qué coño me pasa? La música me duele, las fotos me duelen, el universo me duele y ni siquiera tengo un método para que se vaya durante un rato. Ahora me hago fotos y no me reconozco en ellas, soy demasiado mayor, tengo demasiada papada, el pelo está demasiado corto, la nariz sigue demasiado grande. ¿En qué momento ha empezado a escapárseme la vida entre los dedos para no darme cuenta de que hace diez años de que todo empezó? Más de diez años. Me duele todo.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Feliz año nuevo

 Sé que esta pelea no va a acabar con nosotros, que no va a ser el fin. Lo sé. Pero, sin embargo, me pregunto cuántas peleas quedan para el final, para que sea la gota que colma el vaso. Me hallo sintiéndome tremendamente egoísta por pensar que merezco algo mejor que lo que tú puedes ofrecerme, por una vez creo que soy yo la que podría aspirar a más y no al revés. Esta vez no lo he hecho todo mal. Me hallo pensándole una vez más, volviendo a él que nunca debió irse, al que en estos momentos, como siempre, siento que pertenezco. Y me pregunto en qué momento empezaste a creer que no estabas por debajo de él, cuándo conseguí engañarte para que pensaras que estamos hechos el uno para el otro. Pero él, con todos sus defectos, sus problemas, sus mierdas y sus gafas rotas siempre estará por encima de ti. Quizás en un futuro conozca a alguien que finalmente lo supere, pero tú no eres ese alguien. Después de tres años sé que no lo eres. Y bueno, no pasa nada, estamos bien, nos lo pasamos bien... pero no es suficiente. Llegará el día en que no sea suficiente y no sea capaz de aguantar más a tu familia, a tu concepto de familia y tu amor se hará cada vez más insoportable y no querré ir al sexólogo por ti. ¿Cuántas decepciones nos quedan?¿Cuántas peleas faltan para que el vaso se colme?

sábado, 15 de agosto de 2020

Is this depression?

 Estoy descubriendo que cuando escribo aquí es cuando realmente todo va muy mal. Cuando estoy tan echa polvo que no quiero dar pena o que este o aquel me lean, solo quiero contarme a mí misma lo triste que estoy. El problema es que ni siquiera estoy triste. Bueno, sí lo estoy, pero estoy tan acostumbrada a vivir con ello que se ha vuelto casi inherente a mi persona. Tengo ganas de llorar en continuo. Tengo ganas de pegarle a la pared. Quiero fumarme un porro a ver si dejo de sentir durante un par de horas. No sé por qué ahora, si es la falta de plan, de motivación, de estímulo. Ya ni estar con Sebas o con Miguel consigue evadirme. Quiero preguntarle a Miguel si él sigue estando con ella o con otra, quiero hablarle desesperadamente, quiero volver a quererle. Sé que es también en parte culpa del flujo de hormonas, que la semana que viene me baja la regla y están adelantando camino, pero aun así hacía ya bastante tiempo que no me sentía tan mal durante tanto tiempo seguido. El verano es una mierda pero resulta que después el otoño también lo es. Incluso el invierno. Si no me diera tanto miedo morir diría que querría hacerlo para dejar de sentirme tan asquerosa. Tener que fingir se me hace muy cuesta arriba y cada día que pasa me cuesta más levantarme. Me duele todo y no me duele nada. Lo siento todo y no siento nada. No puedo seguir viviendo así.

domingo, 17 de febrero de 2019

48 horas

A dos días del segundo Big Viaje (tm.) me siento un fraude. Te digo y te reitero que te quiero con toda mi alma, que deseo estar contigo el resto de mi vida, pero una foto suya hace que mi universo tiemble. Que las lágrimas amenacen con escapar. Que caiga en la tentación de pensar que esto no sirve de nada. Y lo peor de todo es que no puedo contártelo. No quiero hacerte partícipe de toda esta inseguridad, no es justo para ti. Después de todo, tú no tienes la culpa de que yo no sea capaz de manejar mis sentimientos. A dos días de cruzarnos media Europa yo solo quiero estar con él. Un año y medio y lo primero que veo en las redes sociales va directo al corazón y él no sabrá el daño que puede hacerme diez segundos de foto.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Not so important

Me duele la piel. Noto punzadas pequeñas debajo de la carne y no sé qué hacer para evitarlo. Quizás sea el frío, quizás mi cuerpo desintoxicándose. Pero, sinceramente, sé que no es por eso. El recuerdo de tu incertidumbre aún me atormenta. ¿Cómo una frase tan nimia puede generar tal catástrofe? Y lo peor de todo es que me siento vulgar preocupándome por esto después de lo que contó ayer. No sé cómo sentirme al respecto. Quiero ayudar y creo que cualquier cosa que haga lo va a empeorar. No creo que sea capaz jamás de estar en su situación y precisamente por eso no sé cómo actuar. Así que me encierro en mis propios problemas para llevarme al borde de la crisis de forma voluntaria para no tener que pensar que hay gente que está peor que yo.

No me hablas. No me escribes. Estás a diez minutos de mi casa y no nos vamos a ver hasta la hora de la cena porque tú no tienes que disculparte más y yo no me siento a gusto con tu presencia. ¿Tan mal lo hago?¿Tan poco te he dado para que al primer desliz pienses que no te importo? Un desliz que ni siquiera existió. Tergiversaste mis palabras y no puedo evitar caer en la tentación de pensar que hay un miedo subyacente a todo esto. Que no confías en mí. Que realmente nunca lo has hecho pero no tenías que preocuparte porque me pasaba el 80% del tiempo contigo. ¿Cómo pretendes que me sienta al respecto? Ni siquiera estaba borracha, ni siquiera tú estabas borracho como para justificar que se te fue de las manos y me destrozaste por el camino. Ahora intento encontrar los pedazos de autoestima que tanto tiempo me ha costado tener, intento no sentirme como si fuera una mierda porque, después de todo, no ha cambiado nada. Uno carente de confianza más para la lista. Y después se preguntarán por qué estoy harta de las relaciones monógamas. Odio esta oleada de celos innecesarios. Esta vida de desconfianza. Esta relación de medias verdades.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Óleo sobre tiempo

Otra vez entre dos mundos. Otra vez sin formar parte de ninguno. Otra vez... al borde de la crisis.

Pero esta vez no puedo dejar que vaya a más, no puedo dejar que el miedo se apodere de mí. Él pretende ser mi apoyo, mi fuerza, el hombro sobre el que llorar y quizás si fueran otras las circunstancias habría sido suficiente. Pero no puedo depender de él únicamente para ser feliz, no es justo que él cargue con lo que me corresponde. Necesito irme de aquí. No tengo nada a lo que aferrarme en esta ciudad, nada me frena y dudo que vaya a echar de menos a alguno más allá de la comodidad de saber que podría quedar con ellos cualquier día si lo propusiera. Pero para ellos no soy nada, no existo, soy prescindible, y el hecho de poder asumirlo no quita que me duela o que pueda superarlo. Nunca he sido de superar las cosas fácilmente.

Ahora tengo hambre y necesidad de huir. De dejar de esperar. De descubrir y conquistar y poder pensar en la posibilidad de conocer gente nueva para la que de verdad signifique algo, no ser una más. Ser el Miguel del grupo por una vez. Notar que importan mis decisiones, que esperan algo de mí y poder ser yo la que elija si me merece la pena o no estar con ellos. Necesito amigos nuevos. Necesito una vida nueva.

sábado, 11 de agosto de 2018

Y los sueños...

No sé por qué sueño contigo. No sé por qué sueño con vosotros. Yo planteándome dejar de ir al psicólogo porque, hostia, ya no me siento tan mal con respecto al resto del mundo. Y de repente me asaltáis donde no puedo atacaros, lo único que me queda por la mañana es el regusto amargo de saber que no era más que un sueño. Que no eran vuestros labios los que besé, que no érais vosotros los que queríais estar conmigo. Al menos al par de horas se me pasa, pero son dos horas de espectación, de necesidad de mundos alternativos, de ansia por aquella realidad estúpida en la que no estuvieras gordo y me besaras por algo más allá de verdad o atrevimiento. Un mundo en el que me besaras porque quieras hacerlo, porque no me hubieras podido olvidar, porque ella ya no formaría parte de la ecuación y entonces yo sería la que podría elegir si quererte o no. Si me merecería la pena descubrirte de nuevo y volver a recordarte o no sería más que mancillar tu recuerdo con una persona nueva que nunca me ha convencido. Solo son sueños.

lunes, 25 de junio de 2018

Socorro

Hacía tiempo que no escribía aquí, pero como bien hemos podido comprobar, está claro que solo escribo cuando estoy triste. No estoy segura de que triste sea el sentimiento más adecuado, me siento, literalmente, hecha una mierda, física y mentalmente. Mañana es el último examen, no estoy estudiando absolutamente nada, Sebas y yo hemos hecho un mes y de repente solo quiero estamparlo contra la pared. De repente todo es una mierda y me duele. Hoy no. Hoy no debería pasar esto. Podría ser un día aburrido, apático, monótono, pero no de esos que me hacen replantearme mi vida porque suele dar malos resultados. También es verdad que no tiene pinta de que me vaya a durar mucho. Solo lo echo de menos y las perspectivas de futuro me agobian y las relaciones y todo en general también.

jueves, 24 de mayo de 2018

Partiendo de la base de que el amor nunca se manifiesta de la misma manera entre dos personas distintas, hay algo que no deja de crisparme: están ahí los elementos, los noto en el ambiente, casi se puede palpar la electricidad y, sin embargo, no lo encuentro. No encuentro ese amor que sé que me profesas y que, en el fondo, sé que te profeso. Encuentro cariño, lujuria hasta decir basta, encaprichamiento, curiosidad, confianza... pero no amor. Al menos no como entiendo que debería serlo, algo mucho más metafísico, parecido quizás a una indigestión. El problema es que encuentro la indigestión pero no la relaciono con el amor que debería venir unido.

No creo que sea una cuestión de demostraciones de afecto porque he superado con creces mi nivel de cariño en público y no ha cambiado nada. Tampoco creo que, a estas alturas, sea una cuestión de tiempo porque ya he esperado mucho a un cambio que nunca llegó. Me niego a pensar que nosotros somos los culpables porque lo que sea que siento por ti es demasiado intenso como para que sea otra cosa, pero no lo identifico y eso me duele y me desconcierta.

En fin. No es nada que no se me pase cuando te beso. Casi todo se me pasa cuando te beso.

viernes, 18 de mayo de 2018

Should I stay or should I go?

No, esta vez no voy a escribirte estados en inglés. Creo que mi silencio, en este caso, es lo mejor que puedo usar para expresarme. Mi silencio frente a tus "por favor" bien pronunciados, con todas sus erres. Tu desesperación frente a mi apatía. A mi necesidad de atención. A tu necesidad de complacer. Si al menos fueras consciente de lo importante que es esto para mí. Aunque sea algo pasajero, aunque sea algo inconsciente, te necesito en mi vida para balancearla, necesito que seas mi piedra angular durante un tiempo. Y dentro de lo que cabe, de tu inexperiencia y mi exceso de experiencias, lo estás haciendo muy bien. Me mantienes en un estado grogui de felicidad e impaciencia, de excitación y confianza.

Y, de repente, me haces estas cositas. Me hieres donde menos me esperaba que alguien me pudiera hacer daño, en las cosas que doy por sentado, en los pilares de mi vida. Porque sé que, si te digo que pasemos una tarde juntos, me vas a preguntar que adónde vamos, e igual yo solo quiero estar tirada en el sofá viendo series. Estarían mis padres, qué locura. O quizás podría preguntarte si puedo quedarme en tu casa a dormir. Qué locura.

Quiero aguantar, de verdad que sí, quiero ser paciente, ¿pero no crees que lo he sido ya suficiente? Estoy cansada de esperar a que todo se normalice, estoy cansada de tu circunstancia, y un poco de ti. ¿Me compensan los buenos momentos cuando siempre está de fondo el murmullo constante que me susurra que algo no va bien?

viernes, 4 de mayo de 2018

¿Qué hacer sola en un fin de semana?

Esto es una mierda. Una grandísima mierda. Iba a ser todo maravilloso, iba a ser todo perfecto, organizado, fantástico.

Pero no.

Como siempre, se me jodió el plan, se me jodió la noche y ahora no sé qué demonios hacer con mi vida. No se me da bien estar sola. No me sienta bien estarlo. Y estoy aquí, a las once de la noche sola en mi casa. Porque ibas a estar tú conmigo, ibas a hacerme compañía e íbamos a hacer cosas. Pero tus malditos 37'7 grados decidieron que no, que no me iban a dejar ser feliz. ¿Y qué iba a hacer yo?, pues lo que cualquier persona con un mínimo de sentido común haría: decirte que te fueras a tu casa, que estarías mejor allí. Pero no pensé, ni por un solo instante, que fueras a hacerlo de verdad. Incluso cuando te pusiste los vaqueros pensé que finalmente no te irías y hasta hiciste el amago de quedarte. Pero te has ido. Te has ido y me he pasado quince minutos llorando por nada. Porque me siento sola y necesito que estés tú. No sé qué ver en la tele, todo me parece monótono. No quiero irme a dormir, ni siquiera tengo sueño. Así que escribo de nuevo sobre lo triste que estoy, sobre el coraje que me ha dado que te fueras y el coraje que me da que me dé coraje porque no debería. Estás malo. Y yo me siento sola.

miércoles, 18 de abril de 2018

Ok

Voy a ser cínica, egoísta y tremendamente cruel en esta entrada, así que si en algún momento lees esto, perdóname.


A veces me pregunto si estoy contigo por algo más allá del sexo y el transporte. Me lo paso bien contigo, por supuesto. Tenemos cosas en común, claro, y puedo hacer contigo cosas que con otros no puedo por una cuestión de pura confianza y/o dinero. Pero no eres especial. He intentado que lo seas, dios o quién sea sabe que lo he intentado, he puesto todo mi esfuerzo en enamorarme de ti y quererte con todas mis fuerzas, pero solo he conseguido una sensación de dependencia asquerosa y cierto cariño.

Estás enfadado porque crees que yo estoy enfadada. No entiendes que me estoy muriendo por dentro por no verte, pero que no quiero tener que soportar el dolor de tener que volver a decirte adiós cuando podría no tener que hacerlo. Estoy harta de esto. Estoy harta de ti y de que no entiendas nada. Me dices "ok" y a mí se me cae el mundo a los pies. Lo único que te pido es que lo intentes. Que me sigas el juego durante cinco minutos, habría sido suficiente. Pero no lo has hecho. Y yo solo siento vacío, ni siquiera puedo llorar. ¿Acaso me merece la pena?¿Acaso quiero verte a ti o es a lo que representas? Mi salvación, mi anestésico, mi caja de la nada.

No eres el elegido. No eres mi futuro. Eres una anécdota que contaré dentro de unos años, porque no vamos a ser amigos para siempre. Fue tan triste la ilusión y confianza con la que lo dijiste y yo solo podía pensar en que no era verdad. Ninguno de nosotros vamos a ser amigos después de acabar la carrera, no tenemos tanta confianza, si no somos tan amigos a estas alturas no lo vamos a ser nunca. Y no lo somos. Quizás algún día bajes del guindo y te des cuenta de eso o quizás te pase como a mí y quieras negarlo cuando ocurra. Espero que sea lo primero. Pero tú y yo, cuando todo esto acabe, no vamos a seguir de chupi pandi, y es lógico. El problema entonces reside en cuándo acabará. Porque empiezo a estar saturada. Los seis meses, me comentan. Una decepción tras otra. No quedar, no playa, no cine, no viajes, no nada. Ni siquiera una quedada normal y corriente. Me dices de ir a dar un paseo, al cine, a algún lado, y yo solo quiero sentarme a tu lado y ver películas y series. Crear una rutina o algo que me incite a seguir contigo, pero tengo la sensación de que solo me doy chocazos contra una pared. Que ya no tenemos nada que contarnos. Ya se acabaron las sorpresas y empiezan las tonterías de las repeticiones y la costumbre y el cariño y el sexo porque si estamos solos, hay que acostarse. Estoy un poco harta de ti.

Feria... feria... feria de abril

Ya no sé qué hacer para intentar entenderlo, porque por mucho que haga el esfuerzo de ser empática y ponerme en su lugar, no lo entiendo. Y me frustra. Porque el psicólogo dice que quizás sí estoy buscando seriedad y formalidad en la relación pero si ni siquiera puedes quedarte a dormir no sé cómo voy a conseguir la susodicha formalidad. Me agobia que estemos en puntos tan diferentes. O quizás no estemos tan separados pero nos ponen trabas para estar juntos de verdad. No puedo con esta ridiculez que es tu familia. Cada uno con lo suyo, por supuesto, pero esta incomodidad constante me deprime y me aleja de ti. Quizás si todo esto hubiera pasado antes, en el instituto, antes de Mairena, antes de conocer a Julio y a Miguel, cuando el quedarme a dormir fuera aún era algo relativamente extraordinario. Pero nos hemos conocido ahora, y por suerte o por desgracia para mí es tremendamente importante el llevarme bien con tu familia, no quiero ni pensar en ser de esas típicas parejas a cuyos suegros no pueden ni ver. No me da la gana. Y no quiero alejarte de mí por ser así, sé que te he trastocado un poco el mundo con mis ideas, mi confortabilidad y el hostel que puede ser considerada mi casa. Que igual para ti es raro el ser invitado a comer, a dormir, a merendar cada vez que vienes, pero para mí es lo más habitual del mundo y aunque sea un poco excesivo, creo que es normal esperar una versión soft de las casas de los demás. No este desprecio, esa crítica mordaz que sé que me hace, ese sentir que no soy suficiente para ti por el hecho de tener una hipoteca descomunal y por tanto no tener dinero suficiente para ser digna de ti.

martes, 10 de abril de 2018

Las relaciones familiares nunca fueron fáciles

Quiero ayudarte. Quiero que seas feliz. Necesito que seas feliz porque si no lo eres yo escribo. Y solo escribo cuando estoy triste. Me siento tan impotente ante esta situación. Es tan injusta que me da rabia. No entiendo cómo puedes vivir así, sumido en una actitud de sumisión propia de un crío bajo las amenazas de alguien que no debería amenazarte, no debería infravalorarte, no debería tratarte así. Y yo no sé qué hacer al respecto. Mañana le preguntaré al psicólogo, quizás él sepa cómo puedo ayudarte. Odio esta situación, odio este estado de intranquilidad al acercarme a tu casa, de furia cuando me dices estas cosas. Odio odiar a tu madre pero no puedo evitarlo. No después de todo lo que ha pasado y de lo que me has contado y, en gran medida, de lo que no me has contado. Quizás las cosas cambien con el tiempo, quién sabe. Por ahora y para lo que haga falta, seguiré a tu lado.

martes, 13 de febrero de 2018

Sick

Ah, el amor. Ah, las canciones. Ah, las fotos. Y aquí me hallo, mintiendo desde el primer día, llorando de rabia y diciendo que "no estoy muy allá". Ah, si supiera, si pudiera comprender. Pero no puede, como cualquier persona que nunca ha tenido una relación, como cualquier persona que nunca se ha enamorado de verdad. Supongo que ya no es cuestión de que quiera o no superarlo, sino de si puedo o no. Y poder podré... en algún momento. No sé si el empezar una relación formal es una buena idea, por ahora creo que va tirando para el no ya que no consigo normalizarlo, de repente no quiero verlo. Qué maravilla de hormonas. Y tengo que mirar todas las fotos y todas las capturas de pantalla y, joder, no puedo evitar leerlas. Lloro. Pues claro que lloro con tanta moñería, con tanta felicidad, con tanto mensaje en inglés. Ah, siempre se me presentó como un reto y una salvación al mismo tiempo, él me enseñó tanto que, de una forma u otra, pasó a formar parte de mí misma. Y quiero creer que a él le pasó lo mismo, porque sé que yo también le enseñé infinidad de cosas. Sebastián no es el prototipo de persona con la que todo el mundo querría estar, pero desde luego se acerca más que yo y precisamente por ello se aleja más de mí. Porque él no siente demasiado, él prueba suerte, él no se preocupa en exceso no vaya a ser que lo pase mal. Y yo, pues soy yo, y si vas a seguirme la corriente síguemela bien o no lo hagas porque no puedo con el dolor, ni con la pena ni con nada. Estoy harta de tener que dar explicaciones, de sentirme mal conmigo misma, de esperar a que ocurra un milagro, de esperarle a él y de tener que aguantar tus estupideces de primerizo solo porque estoy tan encoñada contigo que asusta. Estoy muy harta de tener que elegir, y sobre todo de elegir mal, de arrepentirme, de querer volver atrás, de pedir perdón, de necesitar un cariño que no me pertenece para ser feliz. Estoy, esencialmente, harta de sentir.

lunes, 12 de febrero de 2018

Metáforas

Tenías razón. Como casi siempre, tenías razón. Me aferro a un fantasma, necesito creer que él volverá a necesitarme porque ahora mismo yo lo necesito. Quizás todo sería más fácil si lo dejara ir de una maldita vez, han pasado, yo qué sé, muchos meses, pero volvemos a lo de siempre: han sido muchos años como para asumir que no solo he perdido una pareja sino un amigo. No quiero hacero. Y a ti te ha pillado en medio de todo este berenjenal y es complicado, por supuesto que lo es, pero si lo que quieres es que lo olvide quizás deberías intentar darme razones para creer que mereces la pena. Porque la mereces, por supuesto que la mereces, pero ahora mismo estoy cegada por el rencor y la nostalgia y esa mirada aún me duele. Probablemente nunca deje de hacerlo. Creo que fue la mirada más sincera que jamás me has dedicado, como si te arrepintieras de todos y cada uno de los días que pasaste conmigo, como si hubieras sabido desde el primer día que no iba a compensar y ahora tuvieras la confirmación, como si me estuvieras haciendo un favor al no estar más conmigo, como si ahora pudiera ser más libre cuando me siento más encerrada que nunca.

Oh, cuánto dramatismo, cuánta parafernalia, cuánta frase extremista.

Eres mi amigo por encima de todo, ¿no?

No va a cambiar nada, ¿verdad?

¿Verdad?

jueves, 25 de enero de 2018

For the first time

Después de todo, sí fuiste el primero.

No voy a entrar en temas tan banales como el sexo o la capacidad para tener orgasmos o mierdas de esas. Ahí no hay nada de sustancia. Está bien, sí, lo reconozco, el sexo contigo es maravilloso, pero hoy no quiero hablar de eso. De hecho no creo que vaya a escribir nunca muy exhaustivamente sobre ello, al menos por aquí.

Has sido el primero con el que estoy bien desde hace más de medio año. Has sido la primera persona con la que no tengo ganas de llorar a todas horas. Contigo me siento a gusto. Tan a gusto que no tengo claro qué hacer ahora, más allá del hecho del viaje y todo lo que ello pueda conllevar. Para empezar, ni siquiera pensé que el viaje llegaría a efectuarse, era todo demasiado precipitado y aquí estoy, escribiendo gilipolleces cuando debería estar planeando todos los días y la maleta y subiéndome por las paredes. Pero, por primera vez, eso tampoco me agobia demasiado. No me importa qué vayamos a hacer, ni siquiera me molesta que aún no hayamos comprado los billetes de autobús y que igual nos quedemos en el aeropuerto toda la santa noche. No me importa. No me importa estar que no puedo con mi alma, pensar que igual al segundo día no puedo levantarme de la cama, que quizás prácticamente no duerma en esa semana. El frío que vamos a pasar. La lluvia. Quizás la nieve. Me da igual. En el buen sentido, porque solo quiero estar contigo. Quiero que me enseñes Bruselas y Ámsterdam, quiero hartarme de fumar y de beber sidra y de comer queso y ya veremos qué hacemos con los monumentos, porque solo quiero estar contigo.

viernes, 12 de enero de 2018

Come here

¿Qué será de nosotros cuando todo esto acabe?

Ahora, que nos pasamos medio día sin hablarnos y nos subimos por las paredes y echamos humo como si de una locomotora nos tratásemos, ¿qué va a pasar cuando no queramos ni vernos las caras?, porque en el fondo ahora mismo quiero verte, quiero arreglarlo aunque sea demasiado orgullosa como para admitir lo estúpida que estoy siendo, pero cuando queramos vernos y no podamos decirnos de verdad lo que sentimos o cuando directamente no queramos ni hablarnos, ¿qué pasará? Porque aún nos quedan dos años y medio de sentarnos juntos, de trabajos de mierda, de quedadas de chupitos (o al menos eso espero) y con un poco de suerte tenemos planes de aquí a verano pero me aterra, por un lado, la posibilidad de que todo se chafe en mitad de todos los susodichos planes y no podamos mirarnos a los ojos sin odiarnos o pasarlo mal y, por otro, que nos convirtamos en una lista de planes que cumplir. Que solo sigamos juntos por miedo a romper la rutina. ¿Qué rutina? Pues la que tarde o temprano vamos a terminar creando, que no es malo, pero me da miedo que, precisamente, tengamos miedo a acabar con ello llegado el momento. No lo sé. No sé por qué me planteo estas cosas ahora cuando ni siquiera hay una relación formal que romper. Me has leído y no me has respondido y yo tengo tantas ganas de verte que creo que me voy a morir de necesidad. Agh. Qué mala es la obsesión.

jueves, 11 de enero de 2018

Enfados y demás parafernalia

Es gracioso esto de leerme después de un tiempo: parece todo desastroso, triste, patético. La inmensa mayoría de las veces que escribo me siento así. Y es que soy un desastre, de eso no hay ninguna duda.

Me enfadé.

¿Te das cuenta de lo irracional que es el motivo de tu enfado? No, qué, pero si yo soy lo más racional de este maldito mundo. Me he enfadado, hostias. Me he enfadado porque necesito tu atención, porque necesito que quieras estar conmigo cuando yo quiera que estés conmigo (y si no quiero, pues te fastidias), porque me siento terriblemente sola a todas horas, porque contigo no tengo tantísimas ganas de llorar en continuo.

Y tú no lo entiendes, tú qué vas a entender si lo que menos te gusta de mí es que piense tanto las cosas. No te enfades por esta tontería. No, gracias. No voy a enfadarme por temas trascendentales de la leche cuya solución necesita de una tesis y varios debates. Me enfadaré por lo que se enfada todo el mundo.

Se me pasará, no te preocupes. No se me da bien estar enfadada. Pero quería tanto que me siguieras la corriente y que vinieras. Y no sentirme sola. Por encima de todo no quiero sentirme sola entre tantísima gente. Pero ahora haces que lo recuerde a él y que me sienta terriblemente mal. Y que quiera hablarle y le suplique por su amor de nuevo porque no estás tú para ocupar mis pensamientos. Bueno, no está tu versión buena de ti. Y cuando las cosas no son perfectas tiendo a volver la vista atrás porque oh, toda vida pasada fue mejor.

No es culpa tuya, por supuesto. Esto viene de muy atrás, no eres el primero que no entiende nada cuando todo debería estar bien pero, paradójicamente, no lo está. Me gusta liarla, supongo. Siempre me gustó llevar las cosas al límite, a ver quién aguantaba más. Aún no has visto nada. Probablemente no te deje verlo, no voy a ser tan cruel como para hacerte pasar por todo esto más de lo estrictamente necesario. Así que nos veremos mañana para el examen, ¿no?

lunes, 8 de enero de 2018

Amor y muchos otros desastres

Te miro. Insistentemente. Quizás así puedas averiguar qué pienso. Pero tú sólo me miras de vuelta y sonríes. Sonrío. Todo acabó de nuevo. Una vuelta de tuerca más a este barullo de pensamientos que me atormentan. Porque por primera vez desde que todo esto empezó siento la necesidad de algo más. De ir un paso más allá, por muy innecesario que sea. Quiero que tu hermano hable de nosotros como novios y no pensar "no, no somos novios". Quiero una fecha que celebrar. Quiero poner tu nombre dentro de un corazón y que sea justificable ese nivel de moñería (no, seamos realistas, esto no quiero hacerlo). Quiero tener la posibilidad de cogerte de la mano cuando quedemos con los demás y no sentirme culpable por meter la idea equivocada en la cabeza del resto del mundo.

Pero no quiero hacerte daño, por encima de todo no quiero hacerte daño. Podría pedirte salir y estoy casi segura de que me dirías que sí, y probablemente no cambiara gran cosa. Pero tengo que explicarte los términos y condiciones, ¿podrías aceptarlos tan rápidamente entonces?

Porque no te voy a prometer amor eterno, no puedes contar con una vida juntos, no te puedo prometer fidelidad ciega, esta vez no. Y esto no es algo malo, no quiere decir que te quisiera menos o que me faltara algo, pero soy consciente de lo que estoy pasando y solo contigo consigo estar bien. Hemos avanzado poco a poco en esta relación aparentemente sin futuro y hay demasiados planes a largo plazo como para plantearme que pueda no funcionar. Porque es obvio que hay muchas cosas en las que no vamos a estar de acuerdo nunca, pero creo que hacemos buena pareja. Que nos lo pasamos bien juntos. Que, por ahora, no nos aburrimos pese a hacer planes en su mayoría terriblemente aburridos.

Hay muchos pros y muchos contras en juego, aún no tengo claro en qué lado terminará el peso de la balanza y está claro que, si sientes la misma necesidad que yo, lo disimulas muy bien así que dudo que vayas a hacer nada por cambiar la situación, y créeme que lo entiendo después de la tesitura en la que te he puesto con mis charlas conspiparanoicas sobre las nuevas teorías del amor y las relaciones. Así que, no sé, quizás un día de estos me arme de valor y te pida salir. O no.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Enter

Sería bonito pensar que podríamos ser felices juntos.

Sería bonito fingir que no tengo un pasado catastrófico a mis espaldas.

Sería bonito pretender que ese pasado no me afecta.


Pero la vida no es así. O eso creo. Para mí no lo es. No me gusta regodearme en el pasado, no me gusta llorar por quienes ya no me recuerdan, pero no soy capaz de controlarlo. No se me da bien hacer limpieza, y si tengo que cambiar todas las cosas de mi cartera volveré a guardarlo todo, hasta los vales de 5€ caducados, hasta los tickets ilegibles, hasta mi amor por ti. Porque tus malos pelos y tus ojos azules siguen en una rendija en la que no he tenido fuerzas para poner nada más. Ahora mi nueva cartera ya está imbuida por tu espíritu, como todo lo que hay a mi alrededor.

Ojalá que seas feliz, de verdad que sí. Ojalá que nunca vuelvas a necesitarme para ser feliz. No le desearía esta sensación a nadie, esta impotencia que me abruma cada vez que pasa algo mínimamente importante y no soy capaz de abrir tu conversación para contártelo. Me dijiste que te hablara, que te contara las cosas y yo lo he intentado. He intentado contarte que me he cortado el pelo, que me voy a Bruselas, que me gusta lo que estoy haciendo con mi vida, pero en lugar de eso solo puedo llorar como una magdalena y pensar en lo mucho que te echo de menos. Y entonces no te lo digo porque no quiero crear una situación incómoda más, no quiero que te sientas culpable de mis lágrimas, no quiero que me odies porque aún te quiera. Porque han pasado demasiado meses como para que sea normal que siga así, y en cierto modo no es algo que me ocurra de manera constante, pero han cancelado una fiesta a la que tenía muchas ganas de ir esta noche y llevo toda la mañana sola y he tenido que cambiar las cosas de la cartera y me cuesta escribir del tembleque que tengo y yo qué sé.

domingo, 10 de diciembre de 2017

So in love

Ahora me descubro pensándote en las situaciones más inverosímiles. Planeando viajes contigo. Planeando (de verdad) viajes. De esos con fecha señalada en el calendario. Haciéndote regalos con excusas tontas y que me ocupan más tiempo del que deberían. Después hablamos y nos preguntamos si alguna vez nos hemos enamorado.

¿Alguna vez?¿Qué entendemos por enamorarnos?

Te miro y la felicidad más espontánea me inunda. ¿Es eso estar enamorado? O quizás es la tristeza de no encontrarme a tu lado, quizás eso es amor. Tú dijiste que estabas enamorado de mí. Que era lo mismo que quererme. ¿Qué sientes por mí, entonces? Igual así puedo ponerle nombre a lo que siento. Quizás estar enamorado es querer olerte a todas horas. Quizás es no estar triste por culpa de otras personas, porque tú estas por encima. No lo sé. Después de tantos años de sentimientos (probablemente demasiado) intensos, ahora llegas tú y me confundes. Llego yo con mis nuevas teorías del amor y no soy capaz de ponerle nombre a lo que siento por ti. ¿Es eso bueno o terrible?

Solo sé que no quiero estar sola y que contigo no lo estoy.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Tale as old as time

Te quedaste a dormir. Yo estaba que no cabía en mí de felicidad. De agradable sorpresa. Y cuál fue mi sorpresa (no tan agradable) cuando me di cuenta de que no estaba funcionando. Que nos movíamos y hacíamos ruido. Que no estábamos cómodos juntos. Que no éramos capaces de dormir. Llegó la mañana y resultó que tu madre te obligaba a volverte. No sé si puedo aguantar esto. No sé si quiero poder hacerlo. Me gustas muchísimo, pero tú eres tú y tu circunstancia, y no tengo claro que esta última me guste tanto. Si yo sé que es complicado, pero no sé si quiero complicarme tanto la vida a estas alturas del partido como para que me quite el sueño lo que tu madre pueda pensar de mí. No lo sé. Yo solo quería ver la Bella y la Bestia.

jueves, 30 de noviembre de 2017

bnmnjkjknhbk kn

Me siento terriblemente mal.

Ni siquiera sé por qué, sólo sé que no quiero estar aquí.

Que se me cierran los ojos y no tengo claro si quiero despertar.

El calor de la estufa al contacto con mis pies es lo único que me reconforta un poco.

Tengo mucho frío.

No tengo hambre. Mi madre querrá que coma.

Y yo solo quiero dormir y evadirme un poco de esta tristeza que me asola.

Quizás sea cierto después de todo, quizás solo pueda estar contenta a su lado.

No debería tener que soportar esa carga.

martes, 28 de noviembre de 2017

Not a coffee

Después de toda esa cascada de emociones que ha surgido esta tarde, ahora me siento como si estuviera vacía. O como si una bola invisible se estuviera haciendo más y más grande y cuando explote el mundo deberá prepararse para mi cólera. Sí, es probable que sea algo más parecido a esto segundo, pero por ahora voy a autoengañarme un poco y pensar que después de tanta rabia y tantas lágrimas ya no hay nada más. Porque él no quiere volver conmigo. Ni le hizo falta pensárselo, lo tenía claro como el agua. Y yo solo pensaba en besarle. En abrazarle. En sentir su puñetero calor. En estar en la cama a su lado y oírlo roncar. No ha cambiado tanto, después de todo. Porque sus bromas siguen siendo las mismas. Su forma de responder es igual. Ni siquiera ha cambiado su tic. Y yo no hacía más que llorar y reír a la vez y así no hay quien mantenga una conversación adulta. Me duelen los nudillos de arañarme. Me duelen los ojos de llorar. Me duele la cabeza de pensar. Me duele el corazón... supongo que de tener tanto sentimientos contradictorios dentro. No le he contado lo de Sebas, no sé si Nefestifre le contaría algo pero no me sentí con fuerzas. Quería hacerlo, joder, quería ponerlo celoso y que pareciera que lo había superado porque, hostias, estoy enrollada con otro chaval. Pero resulta que me importa lo que piense de mí. Me importa que pueda pensar que, precisamente por creer que lo he superado, no quiera volver conmigo, y está claro que igualmente no quiere volver.

Estaba muy guapo.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Just a coffee

Esto es una mierda.

En realidad no.

Es una putada. Para ti. Para mí. Para todos a nuestro alrededor.

Nunca me he considerado posesiva, nunca he sucumbido a mis celos, nunca he pensado que debía ser el centro del mundo para alguien. Quería serlo, por supuesto, pero fui capaz de racionalizarlo y no lo exterioricé demasiado. Ahora me encuentro este vaivén de felicidad y tristeza a partes iguales, sintiéndome incómoda en mi propia casa y sin poder hacer nada para evitarlo. Intentando parecer impersonal con él pero sin que me salga demasiado bien. Puede que se me note demasiado que necesito verlo. Pero luego estoy contigo y se me pasa todo, y todo mi universo eres tú, no necesito nada más. No deberías tener esa responsabilidad, no deberías ser la causa de mi felicidad.

No quiero verlo mañana. Pero sí quiero. Pero me voy a sentir tan mal que me asusta. Y no voy a poder verte después para que me consueles, y de todas formas ese no es tu trabajo, no puedo refugiarme bajo tu abrigo cada vez que tenga ganas de llorar por culpa de otro chico. No es justo.

No sé si estas cosas te molestan. Me asusta demasiado preguntarte. Te hice daño cuando ayer te dije que besé a Miguel. Sabes que sigo sintiendo algo por Julio, ¿eso te molesta? No quiero hacerte daño pero no puedo mentirte. Para variar, supongo que le estoy dando demasiadas vueltas. Y sin embargo tiene ese punto morboso al que no puedo evitar aferrarme. Esa duda sobre si creerás que él es más importante que tú para mí. Esa posibilidad de que estés celoso por mi culpa. Sí, definitivamente soy una persona horrible.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Hype

Mamá se empeña en preguntar. No se da cuenta de que me hace daño su necesidad de información, no es consciente de lo mal que me hace sentir cuando me pone en la tesitura de si debo mentirle o no. Y debo hacerlo porque admitir que yo fui quién le habló a él sería volver muchos pasos atrás. Entonces me encuentro preguntándome cómo podría vestirme para conquistarle de nuevo, cuando sé perfectamente que esas tácticas nunca funcionaron con él. Y después Sebas se sorprenderá de que quiera estar todo el santo día con él, pero cuando me alejo me sumo en este pozo de miseria y remordimientos y necesidad de su amor. De sus palabras. De sus abrazos. Creo que quizás lo necesite de verdad, eso de quedar de nuevo con él. No hemos llegado al punto en el que me da mucho miedo preguntarle si está disponible, solo dejo claro que no quiero ser una molestia. Él no es Jesús. Y quién sabe, a lo mejor me ayuda a ser una persona nueva y evolucionada que se ha dado cuenta de que esa farsa de relación que pretendo querer volver a tener no puede llevar a ninguna parte. Para empezar, supongo que sería prudente esperar a ver si finalmente quedamos o ni siquiera se digna a volver a hablarme.

martes, 21 de noviembre de 2017

Vivo ergo sufro

Faltan dos días para mi cumpleaños y es muy triste que me sienta así de mal conmigo misma.

En este caso tengo tremendamente claro que es, en cierto modo al menos, culpa de mis malditos sueños. Porque, claro, ¿cómo iba a plantearme dejar de soñar con el resto del mundo? Estaba bien, de verdad, no necesitaba volver a martirizarme viéndolos a los dos: uno ignorándome y el otro sonriéndome. No sé qué me ha sentado peor. Son solo sueños, ¿por qué entonces me duele tanto el pecho cuando lo recuerdo, por qué se me pone la carne de gallina? Necesito un respiro.

Me dices que no piense, me dices que lo deje pasar. No me conoces de nada, no entiendes cómo me he sentido... cómo me han hecho sentir. No sabes lo crueles que han sido conmigo, cómo ese chico con el que he soñado hoy me dejó tirada alegando que no me quería cuando no era cierto, solo por un error. Éramos muy jóvenes, todo sea dicho, pero sigue doliendo. Él fue la primera capa. Y no ha sido la última. Y me encierro en mi mundo de tristeza y soledad pero a la vez necesito compartir mi sufrimiento para no ahogarme en la tristeza. Ahí estás tú. No lo entiendes. No entiendes nada. No entiendes que puedas parecerme lo mejor que podía ocurrirme ahora mismo. No entiendes que me sienta mal por saber que eres mejor que ellos. Que eres mejor que yo. Porque tú, con tu filosofía patatera de empanarte por las esquinas, manejas las emociones infinitamente mejor que yo.

Voy a terminar haciéndote daño y jamás voy a poder perdonármelo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Día D

Y pasó.

Y yo comparo.

Y me rallo. Vaya si me rallo. O rayo. Aún no lo tengo muy claro.

Pasó por insistencia, porque no podíamos salir de esa fría casa y que tú aún fueras virgen. ¿Que si me arrepiento? No. ¿Que si lo habría pospuesto? Pues quizás.

Todo me recordaba a esos momentos previos a un examen. Quieres que pasen las cosas y a la vez no quieres que llegue el momento de la verdad.

Caótico, frío, incluso un tanto decepcionante. Y, de repente, todo funcionó. No tengo muy claro el porqué, no tengo muy claro el cómo pero el caso es que de repente fue todo (casi) como la seda.

Aun así hay algo que me crispa, que no me termina de encajar, y no consigo averiguar qué es. Quizás los treinta segundos. Quizás tu negativa a darme cariño después. Quizás los tres intentos previos.

Probablemente el hecho de que no consigo dejar de pensar que fuimos allí para eso, no que eso surgió como consecuencia de haber ido. Te vestiste y me diste un abrazo. Te pusiste a fregar y yo solo quería seguir abrazada a ti desnuda en el sofá. Tengo la estúpida sensación de que lo nuestro fue coger las peores versiones del sexo espontáneo y el anticipado y juntarlas. La presión del anticipamiento, la frialdad de la rapidez.

Sé que es una tontería, como todo lo que escribo en este maldito blog, y quiero volver a hacerlo, una y mil veces más, pero quiero disfrutar yo también y quiero que entiendas que para mí el sexo no es solo sexo, que ahora has creado un vínculo más intenso entre nosotros y probablemente no seas consciente de ello, pero para mí esto es muy importante, tengo la impresión de que más que para ti.

domingo, 19 de noviembre de 2017

¿Día D?

Va a hacer una semana que escribí la última entrada. Esa entrada en la que reitero que me dijiste que me querías. Has vuelto a hacerlo, bien lo sabrás tú, pero hoy no quiero hablar de sentimientos, al menos no de ese tipo de sentimientos. El lunes pasado, en uno de esos momentos en los que la tensión pudo cortarse con un cuchillo por la necesidad de tus palabras, te dije que lo que sentías era lujuria. Tú no me quitaste la razón. Tampoco me la diste. Llevamos una semana entera alargando lo inevitable cuando no estoy segura de querer que ocurra. O sea, está claro que quiero que ocurra, lo que no sé es si quiero que ocurra ya. Nos conocemos desde hace ya cierto tiempo, pero realmente no nos hemos conocido hasta hace poco más de un mes. Todo está pasando demasiado rápido. Después llega el momento de la verdad y me cuesta contener los gemidos, pero no quiero arrepentirme de lo que pase entre nosotros y, sobre todo, no quiero que tú te arrepientas. Hay tantas cosas que podrían salir mal. Tantos momentos que podrían ser incómodos. Y después dices que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que deje de pensar pero, agh, se han pifiado tantos momentos en mi vida que no quiero que me pase contigo, contigo no, contigo no quiero cagarla, necesito que algo me salga bien por una vez en mi maldita vida.

Veremos qué pasa mañana.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Nothing more than feelings

Y... ... ... ... ... lo dijiste.

Probablemente en parte por presión, porque sabías que yo estaba deseando que lo dijeras. Y lo dijiste. "Te quiero... es lo que estaba pensando antes". Y puede que ahora te quiera más que antes. Puede que, ahora que ya está todo el principio dicho, pueda decirte por una vez qué siento realmente... aunque ni yo lo tengo demasiado claro.

Vayamos por partes:
- Hay cierta atracción física, eso está más que claro, aunque sigo sin determinar el punto en el cuál empecé a verte así. No eres mi tipo, seamos realistas. Eres demasiado alto, tienes el pelo demasiado corto y no te gustan los calzoncillos largos y anchos. Pero me gusta mirarte, me gusta tu cuerpo (es suavito) y, bueno, me gusta cómo hueles.
- Me lo paso muy bien contigo. O sea, no quiero que esto se infravalore, me lo paso bien contigo a niveles estratosféricos. Y no hace falta que estemos haciendo algo en concreto. Me puedes proponer tirarme en el coche contigo y está claro que te voy a poner cara de asco, pero en realidad me parece un plan maravilloso.
- Tenemos cosas en común, cosas muy importantes en común, de las que ninguno nos hartamos, y yo no puedo dejar de imaginarnos en Escocia compartiendo piso y eso sí que me parece un puto planazo.
- También hay cosas en las que no estamos de acuerdo, y vaya si es importante esta parte. Sería tan aburrido darse la razón continuamente, argumentar con los mismos argumentos, saber siempre las salidas del otro.

Y ahora me paro a leer todo lo que he escrito y... simplemente no es lo mismo. No es lo mismo que siento. No es esa ansia irrefrenable por comerte a besos, no es ese "vámonos" en mitad de la clase porque, simplemente, quiero prestarte atención a ti y no al profesor, no es ese bienestar que siento cuando estamos en el coche, esa inmensa paz que me transmites, no es ese escalofrío que recorre mi espalda cuando me rozas, no es esa vergüenza cuando me dices algo bonito. Simplemente, no lo es. Porque, joder, siempre me he expresado mejor por escrito, pero hay ciertas cosas que, supongo, no se pueden expresar más que en sonrisas, suspiros, miradas y demás moñería innecesaria.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Problemas, problemas...

Sigues sin decirlo y a mí sigue sin importarme, pero está empezando a generarme un problema: yo quiero decírtelo en continuo y no quiero crear más situaciones incómodas. Hemos llegado a este punto en el que no tenemos demasiado de qué hablar pero tampoco importa mucho, los silencios no son incómodos. Entonces te miro y un tsunami de sensaciones inunda mi cuerpo. Sonrío por no llorar de alegría. Pienso en todo lo que podríamos hacer juntos. Pienso en ti y en mí en Escocia, paseando bajo la lluvia y te juro que no puedo imaginar cómo podría ser más feliz. El estómago me hace cosas raras y noto un hueco que no es molesto en mi interior. Me miras y me dices que la cabeza me está echando humo. Qué tontería, ni que yo le diera vueltas a las cosas. Pero estoy tan bien contigo y tan triste sin ti que quiero exprimir cada segundo que tengamos juntos, por compensar.

Sé que algún día te vas a hartar de mí y quiero estar preparada para cuando ese día llegue, pero no me sale demasiado bien. Ahora mismo, lo creas o no, soy toda tuya. No dobles sentidos, no ironías. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y yo me dejaría. La comodidad es cómoda, supongo, y ha llegado demasiado rápido y es que, joder, hueles tan bien que jamás podría resistirme a nada.

jueves, 9 de noviembre de 2017

La zona de confort

Te dije que te quería. No me respondiste. No me importó. Y he aquí el quiz de la cuestión.

No te lo dije esperando una respuesta, sólo tenía la necesidad de decírtelo, y me daba exactamente igual lo que hicieras al respecto. Te quiero. Y no me importa decirlo porque es la puñetera verdad. Te quiero por hacerme sentir bien, por hacerme salir de mi círculo vicioso de amor no correspondido, por darme una oportunidad y no irte cuando todo parecía desmoronarse.

Por, básicamente, ser mi zona de confort.

Y es que esto puede sonar a tontería, pero todos debemos tener una zona de confort. Para algunos es su cuarto, para otros el lugar donde hagan deporte, para otros la calle. Pero yo, en estos últimos meses, no era capaz de encontrar la mía. Mi casa se convirtió en un lugar plagado de recuerdos centrados en mi cuarto, me siento mal solo de estar aquí. Estar con mis amigos era ver mi pasado en el presente, me lo paso bien con ellos pero no puedo encontrar prácticamente nada en común con ellos, solo nos une el mero paso por el mismo instituto y el cariño incondicional que ello suscita.

Y, de pronto, apareciste tú. Y me escuchaste. E intentaste entenderme. Y me seguiste el rollo cuando eso era lo único que necesitaba. Y, de pronto, me sentí tan a gusto contigo a mi lado que todo lo demás me dio igual. Es peligroso, lo sé, puedo hacerte mucho daño y no quiero hacerlo, puedo echarlo todo a perder y me encontraría al borde de la desesperación. Pero no quiero parar lo que sea que esté pasando, no quiero arriesgarme a que todo pueda acabar aunque sea tan tonta como para sentirme fatal por el hecho de echarte de menos, porque me asusta que puedas querer más y yo no esté preparada... o al revés.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Sexual healing

No debería molestarme lo que pasó. Es culpa mía, que me vine arriba. No es culpa tuya, que te dije desde el primer momento que no quería nada. Pero no pude evitarlo. Me molestó. Me dolió. Me hiciste sentir un objeto y nada más, me hiciste sentir que sólo me querías para perder la virginidad en algún momento más o menos cercano y ya está. Hiciste que me sintiera como si fuera a ser la primera, la práctica, con la que jugar un rato y liarla sin que te juzguen.

Y ahora estoy muy contenta y quiero transmitirte mi alegría. Quiero chocarla contigo porque, joder, puedo pedirme la erasmus. Pero no me siento con fuerzas para ello. Me preguntaste si quería hablar y quizás quiera hablar, pero no sé qué decirte sin quedar mal porque voy a parecer bipolar (de nuevo). Además, sé que no lo sientes así, sé que no estás enamorado de mí pero tampoco me quieres sólo como un objeto sexual. Pero soy una persona tremendamente insegura, quizás te hayas dado un poco de cuenta, y me muero pensando estas cosas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La felicidad nunca me inspiró

Me duele la barriga como tantos años atrás. Me duele la barriga y sé que es por lo mismo, aunque quizás esta vez esté algo acrecentado por la ingesta poco moderada de alcohol de anoche. Me he tenido que tomar una pastilla porque estoy que no puedo con mi cuerpo, pero no me arrepiento de nada.

Y ahora me molesta un poquito menos tener que ir a la facultad por la mañana porque tú me recoges. Estoy contenta. Tremendamente contenta. No sé cuánto va a durar porque... en fin, porque soy yo, pero estoy contenta y feliz y no me importa tener que madrugar tantos días seguidos porque te voy a ver y me voy a reír contigo y voy a chincharte y a ponerte caliente.

No sé. Quizás lo sea, después de todo. No lo sé. No quiero preocuparme por eso. Quiero seguir poniéndole canciones y dormirme en su coche y planear viajes y querer ver Stranger Things pero está claro que al final no.

lunes, 30 de octubre de 2017

Mátenme

¿Está mal lo que estamos haciendo?


No parece que precisamente estés sufriendo y yo me lo estoy pasando tan bien que tengo miedo de que acabe. Quiero que me toques, que me roces, que me beses y notes cómo se me abren los poros de la piel. Quiero que tomes la iniciativa por una vez y pueda ser consciente de cuánto me deseas. Porque sé que me deseas pero no lo sé lo suficiente como para tener claro cuáles son los límites. Y a mí solo me hace falta hacerte un dibujo o ponerme frente a ti y desnudarme, a ver si así captas la indirecta. Y esto es una tortura que disfruto, porque me duele que te vayas pero veo necesario que no estemos siempre juntos. Y quiero tocarme pensando que eres tú el que lo hace, aunque sé perfectamente que vas a ser un pésimo amante, al menos al principio. Y no me importa, de verdad que no. Quiero enseñarte, quiero que aprendas, y quiero que lo hagas conmigo. Quiero que nos sentemos y hablemos antes de actuar, quiero que conozcas mi cuerpo y quiero conocer el tuyo. Ojalá que te gusten mis pies. Ojalá que te gusten mis tetas. Ojalá que te guste el lunar de mi barriga, ese que tanto trauma me creó. Ojalá que me demuestres que te gusto tanto en persona como en las fotos. Ojalá que uf en directo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Derechos y deberes

No quiero ir a clase. No quiero moverme de aquí. No quiero ducharme. No quiero comer. No quiero hacer absolutamente nada.

Debería decirte que Fun se ha convertido en tu grupo, te guste o no. Salvo We Are Young y Out of the Town, esas ya estaban cogidas. El resto soy tuyas, todas tuyas.

Debería decirte que ayer volví andando a mi casa y hasta me gustó el paseo, aunque terminara con los pies destrozados.

Debería decirte que llevo toda la mañana buscando excusas para tener el wasap abierto con tu conversación ahí, para que veas que estoy continuamente en línea y te dé palo no hablarme, pero no me hablas.

Debería decirte que no quiero estar así, que esta lucha me agota, que no puedo más.

Debería haberte advertido de todo esto, pero aunque intenté decírtelo de forma sutil, no fuiste capaz de entenderme... o no quisiste entenderme.

Debería dejar de escuchar a Fun y a Manel y a Owl City y a todo el spotify, básicamente.

¿Por qué no me entiendes?¿Tan complicado es?¿Tan mal me explico?

Tengo frío. No sé qué me voy a poner para ir a clase. No sé si ir a intentar llamar tu atención (de nuevo) o intentar parecer un saco de patatas para, precisamente, no llamar tu atención. Creo que me voy a decantar por lo segundo, estoy cansada de intentar provocar una reacción en tu persona. Estoy cansada de ti. De mí. De la vida en general. De escribir gilipolleces que no te voy a enseñar porque no tengo ningún derecho a ello, porque tú no quieres leerlo, porque estoy hasta el coño de todo, joder.

Duró poco

Mamá dice que las manos se me despellejan por el estrés. ¿Qué estrés tienes tú?, me preguntó. Y yo le dije que lo más probable es que fuera por el cambio del tiempo, no por el estrés. ¿Qué estrés voy a tener yo?

Ojalá pudiéramos superar de una vez la maldita etapa de las etiquetas y, si estamos bien, dejarlo así. Yo no quiero salir contigo. No puedo. La liaría tan parda que no duraríamos ni una semana. Me he pasado los últimos tres años de mi vida pegada a una persona 24/7, la quería con toda mi alma pero... no era libre. Él no me dejaba. Y no quiero que tú me hagas lo mismo. No quiero cerrarme, no me obligues a elegir. Entiendo que para ti esto sea difícil, probablemente sea la primera vez que te pasa y has ido a dar con la persona más inestable y caótica del mundo en estos momentos. Y lo siento por ello, de verdad que sí. Pero entiéndeme, no han pasado ni seis meses y aún tengo sus fotos por todo mi cuarto, aún forma parte de mi vida y no quiero que tú formes parte de la misma forma ahora mismo, sería demasiado.

También pensé que tendrías más paciencia conmigo. Que me escucharías. Que me entenderías mejor. Y eso, tristemente, no ha pasado. Y ahora, simplemente, no sé qué hacer. Bueno, sé que esta vez no puedo hablarte, estoy harta de ser la que siempre da su brazo a torcer por todo el mundo, estoy harta de ser la responsable. Porque esto también es culpa tuya. No me paraste los pies, no me dijiste la verdad, no me reprochaste nada hasta que fue demasiado tarde. ¿Es que no lo entiendes? No puedo salir contigo, no quiero hacerlo, ¿por qué demonios es tan importante para ti que algo sea tan puñeteramente oficial?

No me has respondido. No lo vas a hacer. Y voy a fingir que no me importa, que no me dan ganas de llorar. Que esa lista de pelis va a pasar a ser "pelis que jamás veremos juntos". Tengo las manos muy, muy frías. Tanto que me duelen los dedos al escribir. Y tú estás por ahí recogiendo aceitunas que no me vas a dar y yo solo pienso en las ganas que tengo de verte. Y en que no lo voy a hacer hasta esta tarde, me dará un vuelco el corazón y no te hablaré. No te mandaré papelitos que no me responderás, no te escribiré un folio con mala letra para después pasarlo a limpio y que tú no lo veas. No quiero pasar de nuevo por todo. No quiero que dejes de ser mi amigo pero, joder, cada vez parece más inevitable.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Too much

No puedo más, él tiene razón, un día digo una cosa y al siguiente otra, pero es que mi vida ahora mismo es un no parar de pasarlo mal y querer llamar su atención. No quiero salir con él, de verdad que ahora no podría soportar una relación y todo lo que ello conlleva. Me gustaba esconderme con él y que me llevara por ahí en coche, me gustaba pensar en que algún día podríamos irnos de viaje juntos. Pero no hemos llegado a ese punto en el que yo le digo que de verdad que me gusta hacer planes con él, solo los hacemos y sabemos que lo más probable es que no sucedan pero nos gusta engañarnos y pensar que sí pueden pasar. De la lista de pelis a los museos de arte moderno, pasando por los conciertos. November rain, huh. Pero ahí está el wasap y tú no me hablas más. No sé si estás mal o no sabes qué decirme o no quieres volver a hablarme. No consigo entenderte. No consigo entenderme. El corazón me da un vuelco cuando pienso en tu maldita sudadera y en dormir con ella. No volveré a hacerlo. Me duele pensar que me has dejado tan tirada que asusta. Me da miedo pensar que vas a volver a hacerlo. No quiero vivir en esta incertidumbre triste y desgarradora.

Y ahora sé que me quieres. Y ahora creo que te quiero. O algo que se parece a querer. Me gusta escucharte. Me gusta decirte que eres casta y me gusta tu voz grave. Me gusta que tengamos gustos musicales tan diferentes y que aun así me guste lo que pones en el coche. Me gusta que todo lo que lleves sea de Springfield y no me gusta que te guste Ken Follet, pero estoy dispuesta a tolerarlo. Me gusta comprobar la de cosas que recuerdas de mi cuarto pese a haber estado solo una vez. Me gusta que no entiendas una mierda de lo que está pasando y no me gusta que no te des cuenta de ciertas cosas y que tenga que ser tan directa y que a veces no haga falta y quede como una tonta. Me gusta que me mires y no me quites la ropa con la mirada como hace Jorge. Me gusta que te guste cuando me abrigo. Pero me gusta que me digas uf, que te desesperes, que me digas que te pones malito, todo desde la más pura inocencia. Me gusta chocarme contra ti y ser consciente de que me miras todo el rato. Me gusta saber que me quieres. O algo que se parece a querer. No me atrevo a preguntarte porque tengo miedo de tu respuesta. No sé si porque me dieras la razón o porque me la quitaras.

¿Me quieres?

martes, 24 de octubre de 2017

Auch

¿Por qué me ha dolido tanto?
¿Por qué me encuentro tan mal?
¿Por qué ahora no puedo sonreír?
Si no es culpa suya, por dios, tiene fiebre, ¿qué demonios hago sintiéndome mal?... pero no puedo evitarlo. Y se ha despedido y yo no he podido responderle. Me dolía. Y he tenido que irme a mi cuarto para no llorar delante de mi madre. Pero no estoy llorando. No voy a llorar. No más. Se ha despedido y a mí me ha sonado a algo definitivo. Soy catastrófica, ya lo sé, pero lo tenía todo y de repente no tengo nada, de repente todo se ha cancelado o pospuesto y yo no quiero estar aquí. No quiero estar en ningún lado. Hoy no es un buen día. Puede que mañana sí. Puede que mañana no lo vea en todo el día y se me va a hacer raro. Y tedioso. Y aburrido. Dios mío, ¿por qué me siento así?¿Por qué no puedo dejar de pensar en ir a la cama y oler su jersey?, pero es demasiado pronto. Y él se ha ido a dormir y yo no sé qué hacer con mi vida. Quiero chocar la cabeza contra el teclado pero creo que no es lo más apropiado. Quiero decirle todo esto. Quiero hablarle, pero él no me respondería porque se ha ido a dormir. Y porque tiene fiebre. Quiero decirle que me siento muy rara respecto a él. Que no lo entiendo. Que sí lo entiendo. Que quizás no quiero entenderlo. Que mi vida era todo un mar de monotonía y tristeza y ahora él ha hecho que sea un poquito más triste pero que me compensa. Me compensa porque tengo algo que hacer. Tengo un motivo por el que sonreír. Es curioso que siempre hables de mis sonrisas cuando escribo. Deberías verme cuando te leo en wasap. Soy todo un teleñeco estúpido que no sabe fingir. Me quedo embobada, me dan ganas de tocarme cuando me dices ciertas cosas o me río por cosas que no tienen ninguna gracia.

Creo que necesito un respiro de tanta emoción. Me está empezando a pasar factura y no quiero sentirme peor.

domingo, 22 de octubre de 2017

Just what I needed

Te leo.
Me río.
Te espero.
Me desespero.
Te beso.
Me tocas.

Eres un mundo de sensaciones para mí. Eres algo que creí olvidado. Eres un comienzo que no quiero que acabe. Tengo esta estúpida necesidad de hablar contigo a todas horas y no entiendo cómo puedes estar tanto tiempo sin mirar el wasap. Tengo la querencia de tocarte, de sentir tu contacto cuando te tengo cerca y tú no haces más que alejarte. Tengo la imperiosa obligación de hacerme la dura contigo porque tengo más experiencia, pero me pierdes cuando te haces el difícil. Quiero esnifarte y quiero perderme en tus pelos, quiero hablar contigo de lo más nimio y lo más profundo, quiero escucharte durante horas, quiero que cantemos juntos en el coche, quiero que me lleves lejos, quiero dormir a tu lado, quiero drogarme contigo, quiero acostarme contigo y que vayamos despacio.

Pero tú no lo sabes. No lo vas a saber, al menos por ahora. Porque esto puede ser grande o puede ser una gran desilusión, y ahora no voy a permitirme crearte ilusiones que después se queden en eso, no me creo tan cruel.

sábado, 21 de octubre de 2017

Medio día después

Y ahora, ¿qué?

Nos moríamos de ganas y por una vez no voy a intentar hacerme la loca respecto a esto. Me moría de ganas. Y tú también. Y yo lo sabía. Y dios, cómo lo disfruté. Pero ahora ya han pasado doce horas y no tengo claro cuál es el siguiente paso. Quiero decir, por mí podría seguir igual, pero después de haber pasado la semana más extraña y, curiosamente, divertida de mi vida no sé qué es lo que quieres. No sé qué pasa por esa mente tuya cuando no la tienes en blanco, no sé qué piensas de mí. Por mí podrían parar el mundo ahora mismo, de verdad que no tendría problemas. Me gusta esta versión de ti y me gusta no sentirme culpable, me gusta flirtear y creo que te lo he dejado más que claro. Pero no creo que para ti sea suficiente, al menos de aquí a poco tiempo, y no quiero que vuelvan los silencios incómodos.

jueves, 19 de octubre de 2017

Monster

Y así fue cómo, en un alarde de estupidez suprema, La Maga se cargó una amistad en apenas cinco minutos, después de haber estado todo el día intentando arreglarla. Bravo por ella. Que le den de hostias. ¿Cómo se puede ser tan subnormal? Pero es que me puso enferma con lo de que no quiere estar de jueguecitos que no lleguen a ningún lado, ¿qué tiene de malo? Jugar es bien, jugar es tentación y deseo, ¿para qué vas a querer jugar si ya sabes lo que hay al final? Podría haber sido bonito, incluso... pero por una vez vamos a intentar ser razonables, vamos a pensar con la cabeza y no con lo que tenemos entre las piernas (porque los hombres está claro que no son los únicos que pueden pensar así) y vamos a hacer lo mejor para todos.

Pero

Qué

Es.

Es curioso porque quizás para él sea lo mejor, pero probablemente para el resto del grupo no, el resto del grupo se puede sentir incómodo y sería culpa nuestra... en ese caso, ¿deberíamos fingir... más? Metafingimiento. Está claro que más de dos entradas al día en el mismo blog no me sientan bien. También tengo mucho sueño. Y ganas de llorar, aunque eso sea un estado base últimamente. En fin, todo lo "adultos" que podemos ser en persona lo dejamos de lado por el chat, somos más sinceros, pero... la liamos más, aunque en este caso haya sido culpa mía. Oh, joder, ¿por qué tuve que querer besarle? Ahora tengo el remordimiento y el vacío de no haberlo hecho. Sigo esperando una nueva frase que no va a llegar y que me diga que no quiere esto, que no me dé la razón, que me diga que hay una alternativa. Pero esa frase no va a llegar y volverán las tardes de escribir y de mirarte de reojo. Ya estoy empezando a cogerle el tranquillo.

Si yo, por otro lado, entiendo perfectamente cómo te sientes. Cometiste un error y yo no hago más que recordarlo, que hincar el dedo en la llaga, que darle vueltas pero es que de verdad que no puedo evitarlo. Supongo que no me conocías lo suficiente como para saber que pasaría esto, ¿quién se lo podría imaginar? Soy un monstruo. Necesito cariño para sobrevivir. Arrastro a quien quiera que intente ser mínimamente más cercano conmigo al infierno. No debería dejar que pasase, ¿no?

miércoles, 18 de octubre de 2017

Ni come ni deja comer

La lié. Si es que ella siempre me conoció demasiado bien, ella ya me lo dijo hace demasiados años, me lo tengo merecido. Lo habíamos arreglado, estábamos bien, ¿por qué me pasa esto ahora?¿Por qué esa necesidad tan estúpida de besarte el cuello y lo que no es el cuello? Menos mal que no fui más allá, aunque ahora sabemos que esa tensión va a seguir ahí y tú quizás no te des demasiada cuenta porque desde luego me has dejado claro que no eres lo más perspicaz del mundo precisamente. Pero yo sí me doy cuenta y sufro y me duele el corazón cuando haces algún movimiento raro. Si realmente sintieras algo por mí esto no pasaría, de eso estoy segura, pero me gusta acaparar y ahora te quiero para mí sola y quiero enseñarte cosas y que dejes de ser tan palurdo con las relaciones.

lunes, 16 de octubre de 2017

Sebsteam

Aquí no va a haber posibilidad de que me leas. No sé si es lo correcto teniendo en cuenta la cantidad de indirectas que te he puesto en estos últimos días. Pero se me acaban las metáforas y necesito desahogarme. Sé que esto está muy mal, estoy jugando contigo y busco tu respuesta en todos lados, busco un sentimiento bien expresado, busco tu amor sin quererlo. Porque no lo quiero, no quiero el tuyo ni el de nadie. Como mucho quiero la lujuria de Rafa, pero eso está complicado hasta que me dejen sola con él más de treinta segundos seguidos. Anyway. Dime, si leyeras esto y tuvieras que ponerme nota, ¿cuán cruel me considerarías del uno al diez? Dime, si leyeras esto, ¿seguirías sintiendo lo mismo? Ah, es cierto, en realidad todo fue un siroco, algo repentino sospechosamente parecido a lo que me pasa a mí, sospechosamente pareces querer echarte atrás, ya no sé en qué creer. En ti no, desde luego, pero no te lo tomes como algo personal, no suelo creer en la gente que dice sentir algo por mí, suelen echarse atrás cuando ven el monstruo en el que puedo convertirme. Siento que te debo una conversación cara a cara, siento que te debo una explicación, siento que te debo un beso que no voy a darte. ¿Llegarás a odiarme?¿Qué va a pasar esta tarde? No sé si voy a ser capaz de mirarte a la cara y decirte buenas tardes. ¿Debería contárselo a Marina? Si tuviera que elegir desde luego sería a ella, pero tengo la sensación de que me va a juzgar y no sé si estoy lista para ello. No voy a poder estar entre Manu y tú como si nada, no voy a poder pedirle a Manu que me cambie el sitio porque sería demasiado descarado, no me puedo permitir el lujo de faltar a clase porque, joder, la incertidumbre me mata (y cierta necesidad de conocimiento, de qué vas a hacer, de qué voy a hacer, de las reacciones). Quizás lo más sensato sería eso, dar por sentado que lo que dijiste es verdad y que no me quieres, que nunca lo has hecho, que no sientes por mí más que una burda amistad. Pero, después de todo, me cuesta creerlo. Después de la conversación con Miguel y de que quisieras estar conmigo en todos los grupos en vez de buscar por tu cuenta o ponerte con Pablo y de que estuvieras dispuesto a estar conmigo de mañana cuando nadie más quería hacerlo, ni siquiera Manu. Me cuesta creer que eso sea solo amistad, llámame crédula. Pero puedo intentar fingir por ti, por nosotros, para no cargarnos lo que hemos hecho, para no tener que dejar de preguntarnos cosas random cuando nos dejan solos, para poder seguir pasándonos los porros y para seguir queriendo estar a tu lado en clase. No quiero perderte como los perdí a ellos. No podría soportarlo más.

jueves, 21 de septiembre de 2017

El masajista

No, no, otra vez no.

Bueno, como si hubiera cambiado algo... en realidad no ha cambiado nada, pero no quiero que te conviertas en mi nuevo Bermellón o en mi nuevo Carlos, no sería justo para ti.

La verdad es que aun a día de hoy no entiendo qué tienes para triunfar tanto entre las chicas y a la vez no comerte ni un rosco. Eres simpático, pero no lo suficiente como para que te conozcan por tu encanto personal; eres guapo pero desde luego no una belleza; ahora ni siquiera estás en especial buena forma, entonces ¿qué tiene ese aura a tu alrededor para que tenga unas ganas desesperadas de abrazarte y comerte a besos cada vez que te tengo cerca?

Sé que aquel beso jugando a verdad o atrevimiento fue el inicio de todo. "Besa a quien tenga los ojos más bonitos" y me elegiste a mí. Oh, Rafa, si supieras cuán feliz me hiciste con aquel rápido contacto de labios. Y a partir de ahí todo ha ido a más. Ahora sueño contigo, con tus abrazos, con tus besos en el parque del Turruñuelo, es curioso porque sé perfectamente que no quiero nada más. Que ni siquiera quiero acostarme contigo, sólo quiero poder perderme en tu pelo durante unas horas y saber que tú solo estás pensando en mí.

Quizás por eso nunca vaya a pasar nada parecido. Quizás te pediría cosas que tú jamás vas a poder darme.

sábado, 8 de julio de 2017

Viajes

Preparativos. Búsquedas interminables. Webs, blogs, artículos y demás textos con un tema común: viajar.

Y es que, después de cuatro años, me he dado cuenta de cuáles fueron los pilares de nuestra relación ya desde el primer momento: el cine, la comida... y viajar. Tres pilares un tanto prohibitivos si lo ves desde fuera, pero que, curiosamente, nunca nos molestó. Íbamos una vez a la semana al cine, nos gastábamos los diez euros que podríamos gastarnos en bebida en una película en VOSE y a la gente le parecía raro. Íbamos a cenar a algún sitio medio pijo yendo en vaqueros y gastándonos menos de veinte euros, no pasaba nada. Organizábamos viajes con meses de antelación para que después el resto del mundo creyera que nos hemos gastado un dineral en estar una semana por ahí cuando todo nos había salido más barato de lo que podría serlo jamás.

Ahora sigo organizando el que sería nuestro décimo viaje en condiciones aproximadamente. Solo que ya no es nuestro. Ya es mío y de otros. Ya no es tuyo y me cuesta no derrumbarme cada vez que encuentro algún sitio nuevo a visitar porque no estarás para visitarlo. El trabajo es lo primero. No estoy de acuerdo. No quiero que me duela el corazón hacer algo que me gusta tanto. Llámame egoísta.

jueves, 15 de junio de 2017

Cafés

Te vi (de nuevo). Soñé contigo (de nuevo) como suele pasar cada vez que te veo. Volví a sentir esa necesidad imperiosa de saltar, correr hacia ti y saludarte, pero había demasiada familia de por medio. Y después de pasar el poco tiempo que nos quedaba en la cafetería mirando hacia el lugar por el que habías desaparecido, después de haberte sustituido momentáneamente en mis fantasías por Rafa, llegó la noche y soñé contigo. Volvías a quererme. Me deseabas, y yo notaba cómo se me ponía la carne de gallina con el roce de tus dedos en mi barriga. Vaya si lo recuerdo.

Lo curioso es que al verte no me creaste esa sensación, te vi rapado (de nuevo) y no me gustó. Vi tu espalda y no me gustó. Pero por la noche, ese doble que he creado de ti para mi uso personal sí me gusta. Me gusta muchísimo. El problema ahora es intentar ser capaz de saber separar la realidad de la ficción y no creerme ni por un solo instante que el tú de mis fantasías se parece lo más mínimo al de la realidad.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Luz azul

Y esta era mi confirmación final.

El hecho de que Manu me mandara un mensaje y yo notara cómo literalmente me daba un vuelco el corazón al pensar que era Jesús me hace darme cuenta de que es probable que necesite ayuda profesional.

Igual lo que me hace falta es pegarme chocazos contra la pared hasta que me dé un ataque de Alzheimer y me olvide de ti.

O quizás necesito tener un poco de perspectiva y ser consciente de que la imagen que tengo de ti es totalmente visceral y sesgada por mi mente adolescente perdidamente enamorada de ti de aquel entonces. Pero es que ese despertarme una y otra vez dentro del sueño y tener esa ansia por quedar contigo me parece algo que trasciende las metáforas y los dobles sentidos que pueden dársele a un sueño. Realmente estaba deseando verte. Y esa forma de decirte que lo dejaría todo por estar contigo... quizás no lo hiciera en la realidad, quizás no fuera tan melodramática, pero es que no creo que hayas cambiado tanto como para plantearme el hecho de que no sea totalmente cierto. No me estoy explicando.

Ahora ya no tengo el pelo azul, hace dos años que no nos vemos y, sinceramente, te echo de menos. Igual más de lo que me gustaría admitir, pero me gusta pensar en ti, sonriente y no-rapado, y en mí charlando como dos viejos amigos que se tienen más cariño del que jamás van a poder admitir. También es verdad que nos imagino acostándonos con cierta asiduidad, pero entiendo que eso ya es más complicado y que, yo qué sé, todo a su tiempo. Por ahora me conformo con que me respondas a ese "buenos días" que te he mandado hace diez minutos y ya se verá.

Me has respondido y sólo he sonreído, quizás escribir sí sea bueno después de todo.

martes, 10 de enero de 2017

Me pregunto si sabrá de mi existencia a su alrededor.

Me pregunto si sabrá que lo espío cada cierto tiempo.

Me pregunto si notará mi aura alrededor de sus redes sociales.

Lo cierto es que esto empieza a preocuparme. Normalmente no tardo tanto en que se me pasen estos encoñamientos repentinos y reiterativos que siento hacia su persona, y si sigue así voy a tener que hablarle y va a ser todo muy raro. Ojalá pase rápido. Ojalá me hable. Ojalá me muera. Yo qué sé.

jueves, 5 de enero de 2017

Maletas

No pretendo que lo entiendas. No pretendo que me compadezcas. No pretendo ni mucho menos que compartas mi opinión. Pero esta noche he vuelto a soñar contigo después de tantos meses y no puedo quitarmelo de la cabeza. No puedo evitar imaginar una conversación en la que ese ansiado silencio incómodo y esa mirada apareciesen. Porque te necesito a mi lado para saber que no te necesito. Eres mi maleta. Esa maleta que todos llevamos a la espalda con una carga que intentamos eludir pero que, obviamente, no podemos ignorar. "Enamorada de su primer amor", cuán poético. Y siempre que te vea con el pelo no rapado pensare en lo guapo que siempre has sido y lo poco consciente que eres de ello. Pensaré en la imagen tan poco realista que aún sigo teniendo de ti. Pensaré en el polvo que nunca echaremos. Pensaré en lo fantásticos que podríamos haber sido juntos si la vida no fuera tan perra y tú siguieras sintiendo algo por mí.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Sexo, placer y otros vicios

¿Cómo pedirle a tu madre que te pague el psiquiatra por tener problemas con el sexo?
¿Cómo decirle que necesito ayuda?
¿Cómo pedirle a tu novio que deje de tomarse ciertas cosas a broma, que son problemas serios, que no soy capaz de tener un orgasmo y estoy frustrada con la vida?
Necesito un respiro. O quizás un buen polvo, eso tampoco me vendría mal.
¿Por qué no puedo ser como el resto del mundo?
¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?
No lo entiendo.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Meh

¿Sobre qué debería escribir?

¿Sobre mis viajes, tal vez?

¿O quizás sobre el poco sexo que practico últimamente?

Igual debería hablar de mis sueños, pero no los recuerdo.

Por el contrario, sí recuerdo el calentón que tengo encima desde hace semanas, más que nada por eso de la continuidad. De las ganas que tengo de conocer gente nueva y la probable desilusión que me voy a llevar cuando empiece el nuevo curso y me encuentre a chavales con dos años menos que yo y mucho pavo encima.

Me gustaría desaparecer una semana. Solo una semana para poder hacer lo que yo quisiera, que momentáneamente mi miedo al rechazo desapareciera y poder hablar con los demás cuanto quisiera. Acostarme con chicos, chicas y demás. Experimentar. Oh, si fuera tan fácil. Si no tuviera las alas tan atadas quizás podría volar un poco más cerca del sol. Me gustaría sentir el calor, la tentación de quemarme es absurdamente divertida. Pero no lo voy a hacer, no quiero tener que hacer que recojan mi cuerpo marchito esperando la redención.

viernes, 10 de junio de 2016

No-End

La yema de mi dedo índice se posa sobre mi labio mientras intento observarte de nuevo. Un vídeo era todo lo que necesitaba, un vídeo de hace muchos meses para volver a caer en la tentación de quererte. Noto cómo la cara me hierve y las palmas de las manos me sudan. La impaciencia puede conmigo y el vídeo no quiere reproducirse, sólo muestra una imagen estática de un chico con un instrumento musical. No hay música, no hay movimiento. Solo él y su inexpresividad. Miro sus labios y muerdo los míos intentando recordar a qué sabían tus besos. Esos labios me pertenecieron en algún momento de la línea temporal, algún corto periodo de tiempo que se pierde entre nuestras vidas y nuestra ausencia de contacto. Pero fue un periodo de tiempo entretenido, distinto a cualquier cosa que haya pasado después, idealizado quizás. No me importa, solos tú y yo en mi memoria y no necesito nada más para que mi imaginación vuele y decida que ha llegado el momento de ser feliz a manos de un recuerdo. Porque al fin y al cabo es así como me siento, feliz con tu media sonrisa, tu piel galleta tostada y tus rizos. Jamás necesité nada más, el problema es que no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde.


miércoles, 25 de mayo de 2016

Para no olvidar

Y hoy, de nuevo, volví a soñar con sus ojos. Pero esta vez no eran uno de cada color, curiosamente eran ambos de un marrón oscuro y profundo. Desde esta mañana no he conseguido pensar en otra cosa. Sus ojos mirándome, sus labios besándome, sus palabras susurrándome que querían algo más. Algún día supongo que pondré los pies en el suelo y dejaré de imaginarme estas cosas, de fantasear con Bermellón como si en algún momento de verdad creyera que algo de lo que imagino podría llegar a hacerse realidad. Pero no puedo evitarlo. Bermellón me tiene loca de nuevo, durante un corto e intenso periodo de tiempo, nada que no se me pase en un día o incluso en unas horas, pero ahora el corazón me late deprisa y solo quiero tocarme pensando que podría ser él quien lo estuviera haciendo. Si tan solo pudiera hablar con él, sé que todo se arreglaría así, iría a más o a menos, pero no estaría en este limbo de desconcierto que son mis sentimientos hacia su persona.

Mentiría si dijera que recuerdo el beso. No recuerdo eso, recuerdo los precedentes. Estábamos en mi cuarto, él se asomaba entre dos peldaños de metal de mi escalera y se acercó a besarme. Yo me aparté. Jamás entenderé por qué en ese momento me recordó a otra persona, pero estaba claro que no era a él a quien quería besar. Volvió a ser él y, curiosamente, no me dio ningún tipo de reparo el tomar la iniciativa e intentar besarlo yo. Nos besamos. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos tirados en el suelo abrazados y sonriendo. No nos habíamos acostado, no fue un sueño erótico, pero aquella escena es... no sé cómo explicarlo... es algo. Diferente. Especial. No creo que pueda olvidarla.

¿Y si quedáramos?¿Y si fuéramos al cine?¿Y si no se nos acabaran los temas de conversación?¿Y si cenáramos y bebiéramos mucha cerveza y sangría?¿Y si fingiera estar borracha?¿Y si le confesara todo esto?¿Y si le besara?... ¿Y si él me devolviera el beso?

miércoles, 11 de mayo de 2016

Pilares

Algún día espero poder comprender por qué demonios no puedo superarlo. Esto ya trasciende el hecho de que sea mi primer amor, trasciende su persona, ¿por qué diablos no puedo dejar de idealizarlo? A lo mejor sí que tenía razón cuando hace cinco años le pedí a mi madre que me llevara al psicólogo, a lo mejor sí que lo necesitaba. O lo sigo necesitando. Una persona que me escuche y no me juzgue, que me haga sentir mal para poder sentirme libre. No quiero seguir viviendo así. Cuando no lo recuerdo todo está fenomenal, pero cuando me da por ponerme a recordar veo cómo mi mundo se derrumba, cómo esos pilares que fui formando se desmoronan por su culpa, cómo supera cualquier obstáculo para hacerme creer que él es para mí. Que yo soy para él. Que nuestros destinos volverán a unirse. Su Idea (sí, con mayúscula) puede conmigo, nuestra relación siempre pudo conmigo. Y ahora que ha pasado el tiempo, que él tiene barba y yo soy más alta, me pregunto si podríamos sobrevivir a aquella tragedia, si podríamos construir una nueva tragedia juntos, si podríamos ser felices como lo fuimos durante aquel corto periodo de tiempo que recordaré toda la vida.

lunes, 21 de marzo de 2016

Totoro makes me want to touch myself

¿Y ahora qué?¿Besitos en las horas muertas hasta que se nos pase el calentón?

Si supiera lo mucho que me cuesta controlarme cada vez que se acerca más de lo establecido, cada vez que me acaricia la nuca...

No sé qué hacer. Sé que no debería estar así, pero no es mi culpa que él no me ponga lo más mínimo, si pudiera hacérselo entender... pero jamás lo haría, y no se lo reprocho pero dios, tengo tantas ganas de acostarme con él. Que me lo coma todo, que me meta uno, dos, tres dedos y que me ponga a cuatro patas y me embista. Oh,  si no me fuera a sentir tan culpable después. Hace que me sienta guapa, que me sienta deseada y me gusta demasiado como para parar. Todo el mundo dice que estoy más guapa y lo que nadie sabe es que es culpa suya, porque hace que me lo crea un poco y que me entren ganas de comerme el mundo y sus labios, qué mal, ¿no?

jueves, 25 de febrero de 2016

Darío

Fua, si al final tendrán razón y todo, intenta flirtear conmigo... y a mí me encanta. No hay nada malo mientras no pase de ahí, ¿no? Ay, mamá tendrá razón... o no, nunca he estado del todo segura de estas cosas, necesito a Laura para que me asesore, total, ella sabe las cosas antes de que ocurran...

¿Querrá él algo conmigo? Es mono pero no pienso arriesgar mi relación por él, es demasiado pudoroso, infantil, moñas. Nah, no merece la pena, pero es tan divertido y fácil ponerle caliente que, yo qué sé, es hasta entrañable.

sábado, 13 de febrero de 2016

El alcohol nunca fue la solución

Sí, claro que me acuerdo. Siempre me acuerdo.

Escribo aquí porque sería demasiado vergonzoso que alguien pudiera sacar conclusiones precipitadas sobre lo que voy a contar y no es algo que me pueda permitir. Pero necesito contarlo, necesito explotar y saber que ya ha pasado todo, que solo ha sido una equivocación como otra cualquiera.

Y es que ayer me emborraché, y no habría sido un problema de no ser porque solo éramos tres. Si hubiera estado Darío, si hubieran estado Diego y Éric probablemente todo habría sido muy distinto, pero no estaban, solo éramos Rafa, Ángel y yo. Yo, la chica, la puta, la que está a dieta y sólo almorzó una tarrina de salmorejo y una porción de pizza. ¿Quién no se habría aprovechado? Bebimos demasiado rápido cosas demasiado malas, y yo tenía el estómago demasiado vacío, ¿cómo no iba a sentarme mal? Aún me siento asquerosa.

Empezamos a jugar. Todo muy inocente. Ángel salió a fumarse un cigarro, yo me quité los zapatos, nos hicimos un selfie que Rafa aún tiene puesto de perfil en el wasap. Me sentía fuera de mi cuerpo. Perdí el control poco después. Recuerdo a Ángel dándole un pico a Rafa, después vino hacia mí. "Atrévete a decir que no te ha gustado" y a mí no me gustó, pero no se lo dije. Le sabía la boca a Edu, a Antonio, a Alejandro, eran todos los errores de mi vida condensados en un beso. Sólo podía pensar en que jamás podría decírselo a Julio. Ya estaba en ropa interior. No tengo muy claro cómo llegué a eso, creo que fue eso o beber más, ya no era capaz de beber más, aún tenía alguna neurona que me funcionaba. De lo que no me acuerdo para nada es de cómo besé a Rafa, ni dónde estaba, ni cómo fue. Bueno, sí, fue patético, como todo lo que puede pasar cuando estás borracho a las cinco de la tarde. Sólo quería dormir.

Y eso hice, de repente estaba en el cuarto de Rafa abrazada a una papelera, sólo quería dormir. Y Ángel era un pesado.

Ahora ya han pasado un par de días y no me siento mucho mejor. Me da asco mirarme en el espejo, me siento sucia y no puedo mirar a la cara a Ángel o Rafa. Supongo que mejorará, pero por ahora no lo va a hacer, no todo es tan simple como parece a veces.

martes, 12 de enero de 2016

Esa nueva etapa

No son tan buenos como pensaba. Estos amigos no lo son tanto, y en cierto modo lo entiendo, ellos cada vez son más un grupo y yo no quiero cerrarme, mucho menos ahora que puedo volver a quedar con la gente de Mairena y no tengo por qué quedarme callada. No quiero desaprovecharlo. 

Pero ellos me juzgan, y ni siquiera lo hacen pensando en que lo estoy haciendo mal por mí; me juzgan porque les parece fatal que no me presente a un examen, simplemente por el hecho de no habérmelo preparado, el chico cuyo nombre jamás me aprenderé me mira con desprecio (es el que peor me cae de lejos) y los demás callan. ¿Por qué lo hacen?¿No pueden simplemente decirme que bueno, que ya lo sacaré en enero? De verdad, cuánta hipocresía...

No sé si termino de estar a gusto. Diego, Rafa, Ángel y Darío me caen bien, pero ellos... no los aguanto, la verdad. Y no es nada nuevo. Supongo que es lo que queda, o me adapto o me echan.